martes, 22 de octubre de 2019

Destellos de Walser

Miquel Escudero

Robert Walser


Imaginaos un escritor que dijera cosas suaves y bonitas como que una sonrisa, si es tierna, siempre hace brotar otra y que teniendo unos cincuenta años de edad se presentara a un manicomio para que lo internasen. Ese señor no volvió a salir en su vida de aquella ‘casa de salud’ donde lo acogieron, ni tampoco publicó más. 


Me refiero al suizo Robert Walser, nacido en 1878, un año después que Herman Hesse, y fallecido en 1956, dos años más tarde que Eugenio d’Ors. Fue un escritor que iba en pos de lo auténtico, y que mostraba una extraña sensibilidad y delicadeza; sólo esta característica ya nos lo hace único.


Se diría que reconducía sus energías hacia el gusto por desarrollar vidas corrientes, siempre con el ansia de lograr un gramo de alegría clara para que todos anduvieran con dignidad y humildad. Walser, a quien no le molestaba que otros fueran o se sintieran superiores a él, iba a lo suyo: la obtención de una clara alegría.


Desgranemos dos ideas expresadas en su artículo ‘De la lectura de la prensa’. Describía a los periódicos como “una gran, apiñada y copiosa bandada de pájaros que se dispersa por el mundo”. Una metáfora que traía la imagen de las enorme ‘sábanas’ de los diarios de papel; el porvenir reservaba la sorpresa de la etérea prensa digital.


Sin radio ni televisión, el diario era reflejo y vislumbre de todo lo existente. Robert Walser reiteraba la necesidad del “reflejo y la vislumbre de todo cuando existe”, espejos y ventanas con cristales limpios. Creía que el papel de los diarios no sólo servía para envolver paquetes o comida, o para dar lumbre, sino para atesorar pensamiento.


Al hablar de la prensa ‘atrasada’, fuera de la omnipotente actualidad, el autor de Los hermanos Tanner se exclamaba por la “plétora de cosas interesantes que, engullidas ya por nuevos días y semanas, han pasado inadvertidas en el suelo, tiradas en cualquier rincón”. El interesante saber perdido y desaprovechado. 


En una época se pudo decir: “cuánta cultura auténtica puede contener una sola hoja de periódico, qué voz la que aquí habla, cuántas perspectivas puede abrir”. ¿Se puede ahora?


Hace quince años, tres antes de morir, Julián Marías advertía que el papel de la prensa había evolucionado. Y lamentaba que muchos lectores recibieran información sesgada y fuesen incapaces de cotejar diversas fuentes de opinión, por parecerles una herejía…

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