​Periodismo líquido

Miquel Escudero

Diarios

La prensa debe ser veraz y seria



Zygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010 (que compartió con el sociólogo francés Alain Touraine), falleció el pasado mes de enero. Introdujo el concepto ‘modernidad líquida’ con el que caracterizaba un modelo social que atiza el individualismo sin conciencia de ciudadanía, lejos de todo ‘compromiso mutuo’. De este modo se generan mentalidades muy poco sólidas y fiables.


Babel (Trotta) es un libro reciente que recoge conversaciones de este sociólogo polaco con el periodista italiano Ezio Mauro, quien dirigió los periódicos 'La Stampa' y 'La Reppublica'. Mauro entiende que un diario tiene que divulgar y seleccionar sucesos, reinterpretarlos y darles un contexto que los unifique y reordene. Hay que adquirir el hábito de ‘ver el bosque más allá de los árboles’. Ambos coinciden en la necesidad imprescindible de un periodismo sólido y serio, que asuma el deber de ser responsables, objetivos y veraces; un periodismo comprometido con la conciencia de ciudadanía es una necesidad insoslayable.


A una sociedad líquida le corresponde un periodismo líquido. La exaltación del individualismo se corresponde con la exaltación de un grupo sectario, un grupo que no acepta porosidades y que busca y encuentra enemigos; no admite razones, sólo intereses. Ahora bien, si no se alienta la libre opinión y la discrepancia, el sistema de libertades se marchita sin remedio.


Una conciencia comunitaria e interconectada en la vía despejada de todo progreso democrático. Así no se agrandan las distancias entre los ciudadanos en general. Hay que conseguir un poderoso afán inclusivo; ‘juego limpio y radical respeto personal’ anulan la exclusión social. Hay que potenciar lo que nos une con el resto de ciudadanos, sean como sean o piensen como piensen.


No se olvide que un nivel cultural elevado no es de por sí un antídoto de la ferocidad humana, la Historia enseña con creces, y muy lastimosamente, que incluso la puede agravar y hacerla más perversa. No nos cansemos, pues, de resaltar que la conciencia de verdad y de persona es fundamental para combatir la brecha de las inmensas desigualdades y de la gran cantidad de personas humilladas que hay por doquier. En esas estamos, más allá de las ideologías.

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