​‘En er mundo’, ¡y olé!

Miquel Escudero

Albert boadella tabarnia


Albert Boadella no sólo es un gran hombre de teatro, sino que escribe muy bien y es un placer leerlo. Elabora un humorismo inteligente, directo, irónico. En su reciente ¡Viva Tabarnia! (Espasa) se expresa como siempre, con libertad e independencia, con descaro y valentía ante el odio intolerante que concita el disentir del dogma hegemónico. Comienza contando algunos sobreentendidos de su infancia, los recelos hacia los de fuera. A los tres meses de su juvenil estancia en París ya estaba hostigando a los argelinos que había en su clase, “era el primero en acudir a las pedradas contra ellos. Era más francés que nadie, el puro y puto converso”. Pero la añoranza de su tierra explotó con potente desconsuelo al oír el pasodoble ‘En er mundo’, de Juan Quintero, que desencadenó una cascada de conexiones emotivas en el joven atribulado. Fue alejándose de los dictados implícitos de la tribu. Estos se encarnaban en la ideología nacionalista, una religión donde “ha desaparecido cualquier intención sensata de analizar los hechos y distanciarse, no hay ni siquiera teología para establecer unas preguntas y dudas. El diálogo se vuelve impracticable. Solo es vociferar las consignas”. La ficción, para el profesional Boadella, nos sitúa en un plano idílico alejado del dolor de lo real. 


Él cree que Tabarnia se va configurando como una actitud y que puede adquirir una fuerza apabullante si se ensaya con inteligencia y astucia. 


¿Qué opina de los políticos nacionalistas actuales? A ninguno de ellos les tiene respeto intelectual, “ético mucho menos”: “Son carne de resentimiento crónico”.


Contra todo pronóstico, el 8 de octubre ‘otra’ Catalunya, antes callada y prudente, salió a las calles en tropel y se hizo consciente de que aquella fuerza que se propagaba como arrolladora e invencible era mucho más débil de lo que parecía, les habían hecho perder la exclusividad de lo catalán. Albert Boadella propone el ejercicio del humor, una cosa seria y “que distingue al animal del ser humano”, el antídoto más eficaz contra el fundamentalismo.


Uno de los éxitos de Tabarnia, dice, es que pone de los nervios a los nacionalistas; insiste en que no hay que incurrir en los errores de estos, “nuestra función no es hacer política, sino buena y cívica parodia”: en ‘er’ mundo, siempre. Sí, pero hay que lograr el Govern.

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