La música que escuchó Cervantes

Capella de Ministrers ha presentado un nuevo proyecto que forma parte de su esfuerzo por plasmar la grandeza y la belleza de la música antigua española. Se trata del disco Claroscuro, Luces y sombras del Siglo de Oro, que ha sido planteado como un homenaje a Miguel de Cervantes y a su obra literaria, y, muy especialmente, a su novela inmortal Don Quijote de la Mancha.


El conjunto dirigido por Carles Magraner ha vuelto a hacer gala de la hiperactividad creativa a la que nos tiene acostumbrados, pues, desde la publicación de la banda sonora de la película A Circle in the Water a finales de 2019, han conseguido lanzar hasta tres discos más antes que el que nos ocupa -pandemia y confinamientos por medio-, Super Lamentationes, dedicado a la obra de Cristóbal de Morales, Germanies y, ya en 2021, Cantigas de Santa María.


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Claroscuro es un fresco musical que abarca las formas de la música profana de nuestro país desde 1500 a 1650, contemplando un variado abanico de piezas, desde danzas hasta obras para vihuela y para guitarra o tonos humanos. Un rica y variada representación de la riqueza de los sonidos del Renacimiento y del Barroco español que, por desgracia, no siempre le resultan familiares al público en general.


La grabación presenta a la soprano Delia Agúndez – que ya prestó su voz para ese ensayo musical sobre la melancolía británica que constituye A Circle in the Water-, la arpista Sara Agueda, a Robert Cases, que interpreta los instrumentos de cuerdas pulsadas, y al propio Magraner, tocando la viola da gamba, como es habitual.


Este disco nos presenta la frescura de los sones renacentistas de Por unos puertos arriba de Antonio de Ribera, pieza cuyo texto lleva la firma de Juan del Encina, y De la dulce mi enemiga de Gabriel de Mena, ambas piezas incluidas en el Cancionero musical de palacio, y también de dos obras escritas para vihuela, una de Alonso Mudarra y otra de Luis de Narváez. La vihuela fue el instrumento estrella del siglo XVI, pero la guitarra la venció en popularidad en el siglo siguiente. Mientras que la vihuela tenía un carácter más aristocrático, dado que su ejecución se basaba en una técnica de punteo compleja y refinada que no estaba al alcance de cualquiera, la guitarra al principio era considerada como un instrumento plebeyo, solo apto para ser tocado por gente de baja condición sin conocimientos musicales.


Por supuesto, a lo largo del siglo XVII la interpretación de la guitarra se va sofisticando gracias a tratadistas del instrumento como el gran Gaspar Sanz, autor de la obra Instrucción de música sobre la guitarra, y, en menor medida, Lucas Ruiz de Ribayaz, que escribió en 1677 Luz y norte musical para caminar por las cifras de la guitarra española. Ambos están presentes en Claroscuro con danzas típicas de la época, como son las pavanas y las paradetas.


El trabajo incluye igualmente unas Romanescas de Diego Ortiz, uno de los grandes compositores del Renacimiento -organista, polifonista y violagambista-, que debió vivir gran parte de su vida en el extranjero, dado que toda su obra está editada en Italia, donde gozaba de un inmejorable prestigio. Por otro lado, es un momento en que los músicos de toda Europa se interesan por lo español y por la música española, y lo reflejan en sus composiciones. De esta forma, en Francia, en el último cuarto del siglo XVI surgen airs de cour en español, un género para varias voces o para voz sola y acompañamiento de laúd o de guitarra, que es heredero de la antigua chanson. Claroscuro presenta dos ejemplos de airs de cour en español, El baxel está en la playa, que es una de las diez piezas de este tipo que escribió Gabriel Bataille en nuestro idioma, y la archiconocida Yo soy la locura de Henri du Bailly, que podría ser el único airs de cour en español procedente de un ballet.


Igualmente representativo del interés europeo por lo español es la Spagnoletta del alemán Michael Schultze Praetorius incluida en el disco, procedente de su obra Tersipchore de 1612, que reúne más de 300 danzas instrumentales procedentes de Francia, Inglaterra y España.


En la música del Siglo de Oro encontramos piezas desenfadadas y hasta cómicas, como El sarao de la chacona, todo un clásico firmado por el catalán Juan Arañés e incluida en su Segundo Libro de tonos y villancico de 1624, o la también muy conocida No piense menguilla de José Marín, donde un amante despechado describe los despropósitos de vida de su examada con un gran sentido del humor.


También está presente Mateo Romero, el Maestro Capitán,que fue maestro de capilla con Felipe III y Felipe IV, y que está considerado como una de las grandes figuras de la música española de la primera mitad del siglo XVII. Es autor de distintos tipos de composiciones, tanto religiosas como profanas, entre las que destacan sus tonos humanos, como este Romerico Florido que interpreta el conjunto de Carles Magraner, y que procede del Cancionero Musical de la Sablonara, otra de las grandes fuentes de piezas de este género que han llegado hasta nosotros.


Claroscuro ofrece una oportunidad para sumergirse en el sentimiento y las formas de la España del Siglo de oro, a través de la belleza de una música inmortal. 





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