Sonia Gancedo y Víctor Sordo presentan la obra de José Español, maestro de capilla de principios del siglo XVIII

Divino fuego. José Español

VN. Sonia Gancedo y Víctor Sordo


Divino Fuego


Siempre resulta grato comprobar cómo se va recuperando el patrimonio musical español antiguo, una parte importante del cual es completamente desconocido para el gran público a diferencia de lo que ocurre en otros terrenos artísticos, como la pintura o la literatura. Por eso es una gran noticia que los artistas Sonia Gancedo y Víctor Sordo hayan grabado con sus voces para su sello discográfico VN una selección de dúos del compositor aragonés de principios del siglo XVIII José Español. Aunque puede que exista, no he encontrado ningún otro disco anterior en torno a su obra, aparte del que publicó en 2010 la Sociedad Española de Musicología, Canciones a lo Divino.


José Español es un buen testimonio de la elevada calidad de la música barroca española, precisamente porque, no siendo su nombre excesivamente conocido y los puestos en los que ejerció profesionalmente de segundo orden, sus creaciones muestran un esplendor y una gracia destacadas. Y Sonia Gancedo y Víctor Sordo han sabido ponerlas en valor -válgame esta expresión tan vulgarmente de moda-, escogiendo con tino piezas de gran belleza formal, y llevando a cabo su producción musical de forma acertada.


Español nació en Zaragoza -a juzgar por lo que se ha podido dilucidar de su testamento- hacia 1694. Debió estudiar música en su ciudad natal, y en 1715 es nombrado organista del oscense monasterio de San Juan de Peña, donde hace las veces de maestro de capilla. El siguiente hito relevante que se conoce de su carrera es su llegada, también para ejercer de organista, a la parroquia de Santo Tomás de Haro, probablemente, en 1731, donde se quedó hasta su muerte, que tuvo lugar en 1758.


El que José Español no optase a plazas de mayor categoría como maestro o como organista puede deberse a dos factores, de acuerdo con el experto en su obra Raúl Angulo Díaz. En primer lugar, al salario recibido, 200 ducados anuales, que era bastante alto comparado con el de los puestos de templos cercanos de mayor rango, como la catedral de Santo Domingo de la Calzada o la colegiata de La Redonda de Logroño. Pero, sin duda, lo que limitó su acceso a las capillas de las iglesias y catedrales de mayor importancia fue el hecho de ser seglar y de ser hombre casado, pues solamente los clérigos podían ascender a las plazas en los centros eclesiásticos de mayor prestigio.  


Gran parte de la obra de Español se halla conservada en el archivo de la parroquia de Santo Tomás de Haro. Como anécdota curiosa, su hallazgo se debe a unas obras realizadas en el templo, que desvelaron varios legajos que se encontraban ocultos, cuyo contenido eran piezas musicales datadas desde finales del siglo XVII a mediados del XVIII. Estas “cápsulas del tiempo” estaban compuestas por 107 documentos con obras en romance (cantadas y villancicos) destinadas al Santísimo y a la Virgen, de las cuales 79 fueron transcritas por el propio José Español, y 40 de ellas contienen alguna obra del propio compositor.


La capilla de la parroquia de Santo Tomás era bastante modesta en aquella época. Apenas tenía en nómina a tres músicos, que fueron los mismos entre 1736 y 1755, a saber, José Español, como organista y maestro de capilla, el sochantre (director de coro) Tomás Duque, y el bajonista Domingo Calvo. En 1755 fue contratado Antonio Iturburo como contralto. Esta escasez de personal lleva a Raúl Angulo Díaz a preguntarse cómo es posible que en el archivo musical de esta iglesia figuren obras, tanto de Español como de otros, escritas para cuatro voces (dos tiples, alto y tenor), acompañadas de violines y oboe. A su juicio, en las fiestas de guardar debía recurrirse a la contratación de músicos de fuera para poder interpretar este tipo de piezas.


Sonia Gancedo y Víctor Sordo son músicos profesionales con una larga trayectoria, especialmente en el mundo de la música antigua. Gancedo ha actuado como solista con orquestas como la de la Comunidad de Madrid, la Sinfónica de Asturias y la Sinfónica de Galicia, con directores como Víctor Pablo Pérez, Pedro Teixeira, Harry Christophers o Jordi Casas entre otros. Por su parte, Víctor Sordo ha compartido escenario con grupos de la talla de Le concert des nations y Hesperion XXI (Jordi Savall), Ricercar Consort (Philippe Pierlot), Sollazzo Ensemble (Anna Danilevskaja), The harp consort (Andrew Lawrence King), Les Sacqueboutiers de Toulouse (Jean Pierre Canhiac), Alayre español (Eduardo López Banzo), La Ritirata (Josetxu Obregón) o Accademia del Piacere (Fahmi Alqhai), entre otros.



Ambos combinan la interpretación con la actividad de producción musical como ingenieros de sonido, a través del proyecto VN, una iniciativa multidisciplinar, que comenzó en 2019, y que parte de dos líneas de trabajo: un estudio de grabación con sello discográfico propio y un grupo musical capaz de abordar el repertorio anterior al siglo XIX. Con Divino fuego la pareja ha recuperado una selección de obras de José Español, poniendo en evidencia la frescura y armonía de sus partituras. Resulta más que recomendable la escucha de la música de este compositor que no por haber estado restringida a un ámbito local carece de la grandeza de piezas más conocidas del Barroco español.

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