Cetinje, una capital de opereta

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Cetinje. Foto: P-I de Dalmases

 

Es muy posible que el nombre de Cetinje no le diga absolutamente nada al europeo de nuestros días. Sin embargo, fue capital de un principado primero y reino luego y vivió la asendereada historia de Montenegro, un país que se caracterizó por la variabilidad de sus fronteras, puesto que, en ocasiones, ocupó parte de las actuales Bosnia y Albania. Cetinje no pasó nunca de ser el pueblo surgido a los pies del monte Lovcen donde el príncipe Iván Crnojevic había levantado un castillo en 1482, así como un monasterio bajo la advocación de Santa María Madre de Dios. Castillo y monasterio fueron destruidos durante la época otomana. Desaparecida la dinastía Crnojevic, el país perdió además su independencia y entonces fueron los eclesiásticos los que asumieron el poder temporal y, en alianza con los venecianos, se opusieron a los reiterados intentos turcos de dominio. Y así llegamos a la entronización de la dinastía Petrovic Njegos cuyo primer personaje destacado fue el príncipe obispo Pedro II. Su sucesor, Danilo I, renunció a la condición clerical para transformar el principado en civil. El azar quiso que no tuviese descendencia directa, de modo que la corona pasó, a su muerte, a su sobrino Nicolás I quien, príncipe desde 1860, demostró singulares cualidades militares y supo establecer buenas relaciones con las principales potencias –Rusia, Serbia, Italia, lo que le permitió entronizarse como rey en 1910. Consiguió para su país la salida al mar y obtuvo del congreso de Berlín el reconocimiento de la independencia de su estado. El resultado de la primera guerra mundial no le fue, sin embargo, propicio. El paneslavismo triunfante favoreció la creación del reino de Yugoslavia y Montenegro se adhirió a la federación, por lo que Nicolás I tuvo que exiliarse, falleciendo en San Remo en 1923.

 

El principal monumento de Cetinje es el nuevo monasterio de San Pedro que construyó en 1701 Danilo I y fue la sede del obispado ortodoxo. Tuvo la primera escuela del país y es su necrópolis fueron enterrados destacados personajes de la dinastía Petrovic.  Frente por frente está el palacio de la Biljarda o de Pedro II, levantado sobre los planos de un arquitecto ruso y que más tarde ocupó el Ministerio del Ejército. Ha sido convertido en museo a la gloria y memoria de Nicolás I. Frente a éste y en otro edificio noble radica el Museo Nacional erigido por dicho monarca en 1896.

 

Paralelamente existen sendos Museo de Arte y de Historia que ocupan la antigua casa del parlamento montenegrino construida en 1910. También han sido reconvertidos en museos o establecimientos culturales los palacetes que ocuparon algunas embajadas extranjeras. Así en la que lo fue de Serbia está el Museo Etnográfico, la austro-húngara acoge el Instituto de Protección de monumentos, la rusa es la Facultad de Bellas Artes, la francesa, un anexo a la Biblioteca nacional, la turca, la Academia de Arte dramático, la británica, la Academia de Música y la italiana, la Biblioteca nacional central, aunque la búlgara ha debido conformarse con su transformación en café.

 

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Otros edificios de la antigua capital han sido aprovechados con análogas finalidades: el Banco de Montenegro para Museo de Banca, el antiguo hospital, para los Archivos nacionales, la vieja central eléctrica, habilitada para Museo de la Técnica y el palacio del príncipe heredero Danilo es una galería de exposiciones. El teatro Real se inauguró con la representación de “La zarina de los Balcanes”, obra escrita por el propio rey Nicolás I y sigue en funcionamiento. 

 

Súmese a cuanto se ha dicho iglesias como la ortodoxa de Vlaska, erigida en 1450 y la católica de San Antonio de Padua. Mención aparte merecen las ruinas del monasterio de Santa María Madre de Dios y la pequeña iglesia del Nacimiento de la Virgen, frente a la Biljarda, donde está la cripta del Iván Cernojevic, fundador de Cetinje y donde fueron inhumados los restos de Nicolás I y de su esposa, la reina Milena. 

 

Parece mentira que este esplendor “fin de siécle” hubiese existido en una mínima ciudad de pocos miles de habitantes, escondida en los Balcanes, de acceso difícil, por lo que ha quedado relegada al olvido, a pesar de que el presidente de la nueva república tiene su residencia en el edificio del antiguo Banco Hipotecario y de que está a no más de 40 kilómetros de la costa, donde se encuentra la zona más turística de Montenegro con las bocas de Kotor, la ciudad de este nombre, patrimonio de la humanidad o la de Budva.

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