miércoles, 18 de septiembre de 2019

​...pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar…*

Pilar Gómez
Psicóloga clínica y psicoanalista

Me piden que hable sobre si han cambiado las relaciones entre abuelos y nietos en las últimas generaciones. Me pregunto si no habría que escribir “entre abuelos y abuelas y nietos y nietas”, o aún “entre abuelas y nietas” , o quizás “entre abuelxs y nietxs”... Como no se puede tratar de todo al mismo tiempo habrá que abordar algún otro día tan interesante cuestión y, por el momento, me limitaré a responder al enunciado original. La respuesta es obvia: claro que han cambiado, no podría ser de otra manera puesto que la vida es cambio.


Ha cambiado el lugar de las mujeres en el mundo, se han multiplicado las adopciones, la consideración dada a la vejez y a la infancia ha dado un vuelco de ciento ochenta grados, por no hablar de la revolución tecnológica o de los grandes movimientos migratorios. Todo ello da lugar a nuevas versiones de la familia, estructura que hoy toma formas caleidoscópicas. La vida es cambio, ya está dicho, de modo que es imposible que no hayan cambiado los modos del vínculo entre abuelos y nietos, abuelas y nietas, etc.


En cada familia se viven estos cambios de manera particular como es lógico. Podemos constatar, con todo, una evolución a maneras más próximas e informales en el trato entre generaciones, como es el caso en cualquier otro ámbito al que dirijamos nuestra atención. Constatamos también que el discurso dominante ha dado un vuelco respecto a la consideración que se tenía de la vejez o de la infancia para enaltecer a la segunda y rebajar a la primera, vuelco que se traduce en fenómenos cotidianos al alcance de la experiencia de cualquiera y que implica consecuencias peligrosas para el recto progreso de la humanidad.


Constatamos igualmente que la transmisión de valores, saberes, historias y palabras que va de mayores a menores no queda restringida al ámbito de la familia biológica, sino que, consecuente con las formas poliédricas que las familias actuales toman, dicha transmisión trasciende los vínculos de sangre, algo que sin duda podemos considerar un progreso de las relaciones entre las personas y una ganancia para la sociedad.


Podemos ver un apunte rápido sobre la desvalorización del lugar de la vejez en la sociedad en distancia que va del consejo de ancianos, o incluso del consejo de los ancianos en la jerarquía social a la actual preocupación de más de un economista por que la vida de las personas termine siendo demasiado larga… Efectivamente, si a lo largo de la historia el mismo hecho de llegar a viejo se consideraba un logro - y por ende un mérito que pocos alcanzaban - hoy muchos, sin el menor pudor ni sentido de la temporalidad, plantean la gran vejez sobretodo como un problema económico, puesto que las ventajas del tambaleante estado del bienestar han permitido que sean muchos los que lleguen a edades provectas.


Del lado del enaltecimiento de la infancia no diremos nada aquí porque los seguidores de este blog saben que es un tema que va apareciendo recurrentemente de la pluma - del teclado- de algunos de sus firmantes.


No ha cambiado, sin embargo, el fundamento del vínculo. Los nietos vienen a representar para los abuelos una cierta idea de trascendencia, algo de ellos quedará cuando ya no estén: permanecerán vivencias, recuerdos, saberes, palabras, conocimiento... Los abuelos, a su vez, evocan para los nietos un hito en la historia que da lugar a un saber de enorme importancia: hay un orden en la sucesión de las generaciones.


Una trama familiar les precede y eso mismo abre la posibilidad de que cada quién encuentre en la misma un lugar propio: un lugar que será particular para cada uno y distinto del de los demás, aunque, para ir bien, deberá estar bien enraizado en la trama.


En este sentido los padres de los padres - con sus recuerdos, con su aspecto, con sus creencias y opiniones- vienen a representar que el tiempo pasa para todo el mundo y que infancia, juventud, edad adulta y vejez - en el mejor de los casos- constituyen etapas en el recorrido vital de una persona.


Así la idea de la finitud, cuyo conocimiento es humanizador, se va inscribiendo en cada sujeto de manera casi insensible, se va inscribiendo al tiempo que las tramas del pasado dibujan el telón de fondo de un presente que se va abriendo, día tras día, a las promesas que trae el futuro.


*Cantares, Antonio Machado.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.

Más autores
La normalidad es rara
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH