La Toscana, Italia

Dime algo bonito

José Luis Meneses

Dime algo bonito, y él le dijo: (∂+ m) Ѱ=0


Dicen que es la ecuación del amor, la más romántica. Su autor, es el físico y matemático inglés Paul Adrien Maurice Dirac, Premio Nobel de Física por el descubrimiento de nuevas teorías atómicas. La fórmula, nos viene a decir que: «si dos partículas en algún momento estuvieron unidas, siguen estándolo de manera instantánea, aunque estén en puntos opuestos del universo» ¡Qué hermosura y sencillez!, me digo emocionado y entrelazado cuánticamente con el arte y la poesía de la ciencia. Creo que los niños, en sus horas de asueto, deberían dejar sus pelotas aparcadas por un momento, con permiso de Don Diego, y ejercitarse en estas artes para no naufragar cargados de energía negativa en el “océano de los huecos”, teoría también de Dirac. El último informe PISA dice que nuestros jóvenes estudiantes se sitúan, en ciencias, en los puestos de cola de los países europeos y la culpa, no la tienen ellos. En los tiempos que vivimos conmueven más los malabarismos y excentricidades de los generadores de histerismos colectivos, deportivos o políticos, que el esfuerzo, el trabajo y por qué no, la admiración y reconocimiento de todos aquellos que a lo largo de la historia se han esforzado en legarnos un mundo mejor.


Entretenido con la fórmula matemática de Dirac y agradecido por el legado recibido de nuestros antepasados no me sorprende que, sin moverme del sofá, el Renacimiento cultural en la Europa Occidental durante los siglos XV y XVI reclame mi atención. Lo consigue por su luz, su fuerza y su capacidad de atracción y más concretamente si se trata del Renacimiento Italiano. No les resulta extraño a mis neuronas que sea este y no otro el tema, hablando de legados, que aflore en los campos de mi memoria, ya que a principios de año viajé con mi mujer, con la que también estoy entrelazado cuánticamente, a la Toscana, una región en el centro de Italia que no tiene desperdicio. Su piel curtida, su cuerpo jugoso y el embrión de sus semillas, son una garantía de futuro y de crecimiento sostenido si las circunstancias lo permiten.


1. Iglesia de San Miguel, Lucca (1)

Iglesia de San Michele in Fioro, Lucca. Fotofrafía: José Luis Meneses


Nos instalamos en una casita de estilo toscano, en Sagrominyo in Monte, a tiro de piedra de la ciudad de Lucca. Un lugar tranquilo que nos permitía matar dos pájaros de un tiro: el descansar de los años y visitar la Toscana sin grandes desplazamientos. Llegamos a principios de invierno de este año con la intención de quedarnos un mes y la estancia se prolongó hasta poco antes de que el maligno COVID 19 asomase sus garras por la Lombardía. Su propietario, Pietro, lucchesi de cepa y marinaio de profesión, hizo todo lo que estuvo en sus manos y más para que nuestra estancia fuera lo más agradable posible. No había tarde, cuando regresábamos a casa, que no encontrásemos para deleite de nuestro paladar una tarta castagnasio, hecha con harina de castaña; un panforte sienés, mezcla de chocolate, miel y azúcar; o una botella del Chianti, uno de los vinos toscanos más conocidos por sus propiedades, como otros muchos recursos de la Toscana, que propician el entrelazamiento amoroso.


Lucca, es una ciudad de tamaño medio que presume de tener un centro histórico encantador rodeado por unas murallas renacentistas, yo diría casi tan infranqueables como el pensamiento libre y creador. Sus estrechas calles adoquinadas te llevan, sin las prisas de estos tiempos, hasta los numerosos edificios que encandilan tanto por su forma, como por lo que albergan en su interior. Tal es el caso de: La Chiesa de San Michele in Foro de estilo románico pisano, abrazada por columnas de mármol blanco y por las obras de Civitali, Pisano o Lippi; el Palazzo Petronio, el edificio más importante de la Lucca medieval; la Catedral de San Martín con numerosas obras de arte como la Última Cena de Tintoretto; la Piazza del Mercato, circular, como el anfiteatro romano que duerme plácidamente bajo los actuales edificios medievales; la torre de Guinigi con su llamativo jardín instalado en su azotea; o la Piazza Cittadella, en la que se encuentra una estatua de Puccini y la casa donde nació, hoy convertida en museo. No es de extrañar que este entorno inspirase a Giacomo Puccini a componer “Nessum Dorma”, una de las arias más bellas de la historia.


2. Ponte Vecchio, Florencia (1)

Ponte Vecchio, Florencia. Fotografía: José Luis Meneses


Si difícil es resumir en unas líneas lo que alberga esta pequeña y bella ciudad, imaginaros lo que sería escribir sobre todas y cada una de las ubicadas en la Toscana. Lucca, es una pequeña muestra de lo que el viajero va a encontrar en Florencia, Siena, Pisa, Arezzo, San Gimingano, Monteriggioni o la pequeña localidad de Vinci, entre otras. La corta distancia entre Lucca y estas ciudades posibilitaba visitarlas una y otra vez para volver a contemplar, en Florencia: el David de Miguel Ángel en la Galería de la Academia, el Ponte Vecchio sobre el rio Arno, la Galleria degli Uffizi o la cúpula del Duomo di Santa Maria de Fieri diseñada por Brunelleschi…; en Siena: la Piazza di Campo y su Torre de Mangia o la fuente Gagia…; en Pisa: la Piazza dei Miracioli, el Duomo y la Torre inclinada… y así, hasta el último rincón de la Toscana.


3. Conjunto monumental de la plaza de la Catedral, Pisa (1)

Conjunto monumental de la plaza de la Catedral, Pisa. Fotografía: José Luis Meneses


Por sus calles corrieron el arte y la ciencia, la vida y la muerte y todo ello fue fuente de inspiración para los numerosos y polifacéticos creadores de belleza durante el Renacimiento. Las obras y trabajos de Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Ticiano, Brunelleschi, Tintoretto o Botticelli, entre otros, inmortalizan el arte y la cultura, máxima expresión de la sublimación de los instintos animales que se mantienen latentes en el alma humana o inhumana según se manifieste. Pero también por las calles de la Toscana corrió la sangre de los Meddici y los Pazzi, los tejemanejes de los patriarcas de la iglesia, la riqueza y la pobreza, el hambre y la peste. La Toscana, está llena de historias que nos transportan a otras épocas en las que el conocimiento y la cultura, el ardor y la frialdad, impregnaban el aire que establecía la intensidad y frecuencia de los latidos del corazón. Tal acumulación de belleza provoca en el viajero alteraciones psicosomáticas, como el incremento del ritmo cardiaco, temblores o palpitaciones, coitus interruptus o eyaculaciones precoces, incluso alucinaciones que hoy se conocen como el síndrome de Stendhal, ya que fue este escritor en 1817 quien comenta haber padecido alguna de estas reacciones en su viaje por la Toscana.


4. Piazza di Campo, Siena. (1)

Piazza di Campo, Siena. Fotografía: José Luis Meneses


Personalmente, otorgo el “Nobel Toscano” a Leonardo da Vinci, por su capacidad imaginativa, su sabiduría y maestría en las diferentes áreas del arte y de la ciencia. Su polifacetismo (pintor, escultor, arquitecto, ingeniero, astrónomo, visionario, filósofo, escritor, anatomista…) y las propiedades creativas de su intelecto le convierten en un referente para todos aquellos que comulgan con de la ciencia y el conocimiento. Quién nos iba a decir que una joven criada o campesina de tan solo quince años, abordada por el erecto y noble palo mayor del notario messer Piero di Antonio da Vinci, iba a dar a luz la luz que iluminó y sigue iluminando a muchos en sus quehaceres cotidianos. Me encanta oír lo bonita que es la hora de su nacimiento: «en la tercera hora de la noche» y cuando pregunto, la respuesta es «tres horas después del Ave María» y si insisto, me encuentro con un «¡a las 10:30 pm, coño!» Simplificamos y envilecemos tanto el lenguaje en estos tiempos (solo tienes que ver los wasaps que se escriben o reciben) que vamos a perder estas lindezas antes de lo que imaginamos.


La bastarda criatura, dicen que fue bautizada en la parroquia del pequeño pueblo de Vinci y aunque el erecto y noble Piero no la reconoció como suya, si se preocupó de que su padre, Antonio da Vinci, la acogiera bajo su techo y cuidara de su educación. La naturaleza fue su mejor maestra durante sus primeros años: las platas, el viento, el agua, los animales y en especial los pájaros, la belleza, la armonía y el equilibrio inspiraron su obra. A los catorce años empezó a trabajar en el taller florentino de Verrochio, donde adquirió las bases de la pintura, la escultura o la arquitectura, además de otros conocimientos de anatomía, botánica, música, óptica y hasta de relojería. Su atención e intereses hacia múltiples temas pone de manifiesto su temperamento hiperactivo sin el cual, el volumen de su trabajo hubiera sido infinitamente menor. Pero en Leonardo no solo encontramos variabilidad temática y volumen ingente de trabajo, también encontramos una capacidad de observación, de análisis y de síntesis extraordinarias que, adobadas con una personalidad sensible y emotiva, hacen que sus obras además de ingeniosas rocen la perfección.


5. Casa natal de Leonardo da Vinci, Vinci (1)

Casa natal y museo Leonardo da Vinci, Vinci. Fotografía: José Luis Meneses


En el modesto museo de Leonardo da Vinci, ubicado en diferentes lugares próximos a la pequeña localidad de Vinci y donde se presume fue su casa natal, se expone una muestra de la obra pictórica y de ingeniería de este extraordinario personaje. La ventaja de este pequeño museo, a diferencia del interactivo de Florencia o el de Milán, es que la afluencia es infinitamente menor y que el entorno donde se encuentra, rodeado de olivos y viñedos y con unas vistas espectaculares que configuran el típico paisaje toscano. Todo ello invita a sensibilizarse con su vida y su trabajo, con obras tan impresionantes como La Mona Lisa con su enigmática sonrisa; La Última Cena, en la que plasmó la tensión de los apóstoles al anunciar Jesús la traición de uno de ellos; La Anunciación, uno de sus primeros cuadros en colaboración con Verrocchio; o el dibujo a tinta del Hombre de Vitruvio, un estudio minucioso sobre las proporciones del cuerpo y la geometría, entre otros. En el pequeño museo se encuentra una muestra de las numerosas máquinas inventadas tanto de ingeniería civil, como voladoras o de guerra que ponen de manifiesto lo adelantado que estaba a su tiempo. Inspirándose en el aleteo de las aves inventó máquinas para volar como el tornillo aéreo, fue precursor del helicóptero y dejó dibujos y orientaciones sobre el paracaídas, el traje de buzo…; diseñó maquinaria de guerra como la ametralladora, el carro blindado, la ballesta, el vehículo blindado…; y para aliviar el trabajo y mejorar la eficacia en las obras civiles inventó engranajes, ruedas, puentes, entre otros prodigios más propios de una divinidad que de un homo sapiens.


Antes de dejar a secar esta pincelada sobre la Toscana, más propia de un viajero que de un relator experto, me permito finalizar este nuevo artículo utilizando la fórmula matemática de Dirac para deciros algo bonito: «si en algún momento te enamoraste de la Toscana, seguirás estándolo de manera instantánea, aunque te encuentres en una parte distinta del universo».




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1 Comentarios

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Interesante, curioso

escrito por María Alvarez Mederos 17/dic/20    02:40

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