Los refugiados climáticos latinoamericanos dicen basta: "Cuando llegan los macroproyectos, llega la muerte"

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Ciudades Defensoras de los Derechos Humanos celebró el jueves 10 de junio el Webinar “Conectando luchas de resistencia ambiental en América Latina”, en el que participaron las defensoras de derechos humanos Leiria Vay, Milena Florez y Reynaldo Domínguez.


El encuentro virtual estuvo moderado por Miguel Pajares, director de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado, Dr. en antropología social y autor del libro “Refugiados climáticos: un gran reto del siglo XXI”, quien denunció que “gran parte de la riqueza del Norte Global se genera gracias a la explotación del Sur Global”.


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Defensores de CODECA (CODECA)


Leiria Vay, defensora indígena Maya K´iche de Guatemala y lideresa del Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), habló sobre el acaparamiento de tierras por parte de la agroindustria en su país. La lideresa explicó que en Guatemala la conflictividad agraria es un problema histórico cuyas principales víctimas son las comunidades indígenas. Según Vay, primero fueron los finqueros quienes se enriquecieron con las tierras guatemaltecas, y después el sistema financiero. Las familias campesinas quedaron relegadas a una condición extremadamente precaria. “Les dieron tierras infértiles, sin acompañamiento técnico y sin posibilidad de comercialización. Cuando llegaron las familias se encontraron que lo que les habían prometido no era verdad. Las tierras estaban lejos y al intentar cultivarlas vieron que no producían. Así se produjo un mecanismo de semiesclavitud. Las comunidades habían accedido sin saberlo a una cadena para trabajar por muchos años para pagar una deuda al sistema financiero”.


Otro de los grandes problemas que ha dejado el acaparamiento de tierras ha sido la destrucción de los ecosistemas. “Después de la firma de paz se puso de moda la palabra desarrollo y se abrió la puerta a las transnacionales para extraer. Pero lo único que ha quedado ha sido mayor pobreza. “Ya no tenemos agua ni de los ríos, ni del cielo. De los ríos, porque están desviados. Del cielo, porque no llueve.”


Milena Florez, defensora colombiana de derechos humanos y ambientales y miembro de la organización Movimiento Ríos Vivos, habló sobre el desplazamiento forzado de las víctimas de acciones industriales y del cambio de vida al que se someten muchas comunidades como consecuencia de los megaproyectos industriales. Según Florez, hay varias etapas en el desplazamiento forzado de las comunidades. La primera se produce cuando las multinacionales deciden implementar sus megaproyectos y empiezan los asesinatos y la persecución de las defensoras. Una vez se aprueba el proyecto, el desplazamiento de las comunidades aumenta. Más tarde, cuando entra en funcionamiento, llegan los daños ambientales y la gente se ve forzada a migrar a la ciudad porque no pueden subsistir mediante la agricultura. “En la ciudad se dan cuenta de que no están acostumbrados a vivir encerrados y no tienen la forma de vivir como la gente de las ciudades”, aseguró Florez.


La activista explicó que “cuando llegan los megaproyectos llega también la muerte, porque acaban con la vida de los humanos y con la fauna. La poca agua que queda también la cogen para revendérnosla. Las megaindustrias llegan con sangre al territorio e imponen toda la violencia que pueden. Estamos acostumbrados a la agricultura, pero a la gente le toca buscar otras formas de vivir”. Florez también destacó el papel de las mujeres en la defensa de la tierra. “Las mujeres nos hemos puesto la camisa para defender nuestra tierra y también a nuestra familia. Estamos en la lucha y cuidando nuestro hogar.”


Por su parte, Reynaldo Domínguez, presidente de la Junta del Agua de Guapinol y miembro del Comité Municipal de Defensa de los Bienes Comunes y Públicos de Tocoa, se centró en hablar de los daños provocados por la minería en Honduras. “Hoy por hoy vemos en la comunidad que muchos compañeros y compañeros han migrado interna y externamente. Todo esto nos hace vulnerables. No le pedimos nada al estado, pero sí le pedimos que no nos moleste y no nos traiga ese tipo de problemas”, explicó. Domínguez, que actualmente se encuentra desplazado por defender la tierra, habló de la dureza del desplazamiento porque Guapinol ha sido el lugar donde ha conseguido “el pan de cada día con mucho sudor. Nuestra vocación es agrícola y la minería nos tiene hoy por hoy en una situación muy delicada. Si nos destruyen el parque están destruyendo a unos 100.000 habitantes”.


Los impactos del cambio climático


La destrucción de los ríos y la sequedad de la tierra son las principales consecuencias de la explotación de tierras por parte de las multinacionales en algunas comunidades campesinas de América Latina. Durante la reunión virtual, las defensoras explicaron también los efectos del cambio climático en sus países. Leiria Vay aseguró que el problema es que las fuentes de agua no están en poder de las comunidades sino de las grandes multinacionales. “El principal cambio es la falta de lluvia. En Guatemala la gente dice que el clima está loco, pero no es que esté loco, se ha generado por las condiciones actuales. El otro problema que está generando el cambio climático es que se están muriendo las fuentes de agua. Tenemos ríos que hace años eran muy caudalosos y ahora ya no tienen agua”.


Florez añadió que en todos los rincones se está viendo que las costumbres de siembra de los antepasados de las comunidades no pueden seguir llevándose a cabo como consecuencia del cambio climático. “Los cultivos están dañados. La tierra se está degradando y los pueblos y ciudades se inundan. Esta es la problemática que tenemos debido a que nosotros, como seres humanos, hemos acabado con los recursos buenos que teníamos”.


Reynaldo Domínguez hizo un llamamiento de denuncia contra el estado hondureño, a quien acusó de no frenar los daños ambientales a pesar de sus competencias. “El instituto de conservación forestal de Honduras no pone ninguna condición a las grandes empresas que se dedican al corte de madera, pero sí a los propietarios de pequeños terrenos. El propio estado actúa para que el clima se altere”, explicó.


Finalmente, las defensoras pidieron a la ciudadanía catalana una serie de acciones concretas para contribuir a sus luchas. Entre ellas, que exijan a sus estados dejar de invertir en grandes multinacionales, que pidan saber qué hacen sus empresas en América Latina, que difundan sus luchas y que sean conscientes de que la comodidad del norte provoca graves consecuencias en el sur.


“Otro elemento es pedir a las embajadas que acompañen proyectos en nuestros países y que vean qué hacen las empresas con capital de allá. La destrucción de la madre tierra afectará a los pueblos más empobrecidos de Latinoamérica, pero dejará sin oxígeno a todo el planeta”, sentenció Leiria Vay.


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