El gran secreto de Barcelona: el autobús que funciona con excrementos

Lo que parecía un experimento imposible se ha convertido en una alternativa real al diésel y a los eléctricos: el biometano fabricado con lodos de aguas residuales ya mueve la línea V3 de la ciudad

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EuropaPress 6811205 autobus pisa calzada calle pi margall 19 junio 2025 barcelona catalunya
Recurso - Un autobús en Barcelona - EUROPA PRESS

 

Barcelona esconde una historia sorprendente que mezcla sostenibilidad, innovación y hasta un punto de incredulidad. Desde hace cinco años, uno de los autobuses de la línea V3 circula de manera ininterrumpida con un combustible que nadie imaginaría: biometano creado a partir de residuos humanos. Lo que en su día arrancó como un experimento pionero bajo el nombre de proyecto Nimbus ha terminado por convertirse en un caso de éxito que ahora busca expandirse.

La iniciativa es fruto de la colaboración entre Veolia, Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) y la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Juntos han transformado el concepto de economía circular en algo muy tangible: los lodos que antes eran un desecho agrícola ahora se convierten en energía limpia para el transporte público.

El corazón de este milagro verde está en la depuradora del Baix Llobregat, una de las más grandes de Europa. Allí se procesan diariamente unos 400.000 metros cúbicos de aguas residuales, de los cuales el 95% vuelve como agua regenerada para usos agrícolas y urbanos. El resto, los lodos, gracias a una innovadora técnica, se convierten en biometano de alta pureza capaz de mover cualquier motor de gas natural.

Los datos hablan por sí solos: este biocombustible emite hasta un 80% menos de CO₂ que el gas natural tradicional, cumple con la normativa Euro VI y apenas genera óxidos de nitrógeno. Además, ofrece una autonomía que, hoy por hoy, los autobuses eléctricos todavía no pueden garantizar en rutas largas.

Tras cinco años de pruebas exitosas, el experimento da un salto de escala con el proyecto SEMPRE-BIO, financiado con más de 11 millones de dólares de fondos europeos. El objetivo es claro: pasar de alimentar un solo autobús a producir combustible suficiente para varias líneas metropolitanas.

Con ello, Barcelona no solo refuerza su apuesta por la movilidad sostenible, sino que se coloca a la vanguardia mundial en la búsqueda del “combustible imposible”, demostrando que incluso lo que desechamos puede ser la energía del futuro.

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