Un estudio revela la evolución de los vínculos entre chimpancés y bonobos

Un estudio internacional identifica patrones relacionales complejos en dos especies clave de homínidos.
Los datos muestran cambios vitales que transforman la gestión de la cercanía social.

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Músculos distintivos de los humanos también evolucionaron en simios - Archivo - Europa Press

 

Antes de adentrarse en los resultados científicos, conviene ubicar esta investigación dentro del creciente esfuerzo por comprender cómo se estructuran las interacciones en los primates más próximos a nuestra especie, un ámbito que ofrece paralelismos reveladores con dinámicas humanas.

 

Una exploración amplia del comportamiento social

Una colaboración entre especialistas de Utrecht y Madrid ha analizado cómo dos especies de grandes simios administran la proximidad física y las preferencias afectivas mediante el cuidado del pelaje. El trabajo, publicado en la revista iScience, reunió aportaciones de biología, psicología y matemáticas para interpretar miles de observaciones sobre relaciones internas en grupos de chimpancés y bonobos.

 

Patrones selectivos y modelos de convivencia

Los autores señalan que ambos primates limitan la atención más íntima a individuos muy concretos de sus comunidades, aunque no necesariamente vinculados por parentesco. Según la Universidad de Utrecht, la mayoría de ejemplares reduce la práctica intensa de acicalamiento a un pequeño conjunto de compañeros, manteniendo vínculos más laxos con el resto, un patrón descrito como «similar a los entramados de amistad humanos».
Las conclusiones revelan que los chimpancés —que comparten con las personas el 99 % de las secuencias genéticas— concentran la interacción profunda en un número reducido de aliados, mientras que los bonobos —con una coincidencia del 98,7 %— distribuyen la actividad de manera más equilibrada entre varios miembros de su grupo.

 

Cambios a lo largo de la vida

Con el paso del tiempo, los chimpancés se vuelven más estrictos en la elección de sus acompañantes más próximos, un rasgo equiparado con tendencias humanas descritas en la edad adulta. Sobre este punto, el equipo explica que la disminución del círculo íntimo «podría reflejar una inversión social estratégica, en la que los individuos pasan de un compromiso amplio a relaciones más profundas con socios seleccionados».
Los investigadores añaden que esta transformación «optimiza probablemente la seguridad emocional, la previsibilidad y el apoyo mutuo», subrayando que un conjunto reducido de contactos no debe interpretarse como aislamiento, sino como «una refinación de prioridades sociales, quizá influenciada por el envejecimiento cognitivo, la mayor aversión al riesgo o la experiencia acumulada».

 

El caso diferenciado de los bonobos

En contraste, la especie más asociada a estructuras tolerantes no muestra la misma reducción de vínculos intensos con el avance de la edad. Para los responsables del análisis, esta ausencia de estrechamiento del círculo cercano «podría reflejar la estructura más igualitaria y tolerante de la especie, que permitiría a los individuos mayores no priorizar necesariamente lazos más cerrados».

 

Un horizonte más amplio para comprender la convivencia

El director del estudio, Edwin van Leeuwen, subraya que las diferencias detectadas ponen de manifiesto que «hay múltiples vías evolutivas para configurar las relaciones sociales». Entenderlas, afirma, «puede aportar conocimientos cruciales para investigar la cooperación, el aprendizaje social y el bienestar emocional tanto en las personas como en otros animales».

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