Vídeo: La misión Artemis II supera los 400.000 km y permite ver la cara oculta lunar iluminada
La nave Orion bate el récord histórico de distancia humana y abre una observación inédita del satélite con eclipse solar incluido durante su trayectoria de retorno
Un logro sin precedentes sitúa a la exploración espacial tripulada en un nuevo punto de inflexión tras más de medio siglo, con una misión que no solo amplía los límites físicos alcanzados por el ser humano, sino que también permite observar la Luna en condiciones nunca vistas hasta ahora.
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Un récord histórico en la exploración humana
La nave Orion alcanza una distancia de 406.777,9 kilómetros respecto a la Tierra y supera así la marca establecida por la misión Apolo 13 en 1970. Este hito se produce poco antes de las 20.00 horas, momento en el que la tripulación se convierte en la que más lejos ha llegado jamás en el espacio.
El astronauta canadiense Jeremy Hansen destaca la magnitud del momento al afirmar: “Aquí, desde la cabina de la Integridad, al superar la mayor distancia que los seres humanos han recorrido jamás desde el planeta Tierra, lo hacemos honrando los extraordinarios esfuerzos y las proezas de nuestros predecesores en la exploración espacial humana”.
La misión también establece otro registro simbólico con el envío del mensaje que más lejos ha viajado desde la Tierra, remitido por el director de vuelo Brandon Lloyd y otros miembros de la agencia espacial.
Un recorrido planificado al detalle
La misión sigue una secuencia precisa de operaciones que marca cada uno de los hitos del sobrevuelo lunar. A las 19.00 horas comienza la cobertura del evento. A las 19.56, la tripulación supera el récord de distancia histórica.
A las 20.15, los astronautas configuran la cabina para las operaciones de sobrevuelo, y a las 20.45 se inicia oficialmente el periodo de observación lunar.
Ya en la madrugada, a las 00.44, se produce la pérdida de comunicaciones al situarse la nave detrás de la Luna, un aislamiento que se prolonga aproximadamente 40 minutos. A la 1.02 tiene lugar la máxima aproximación al satélite, y a la 1.07 se alcanza la distancia máxima respecto a la Tierra.
A la 1.25 se restablece el enlace con el centro de control. Posteriormente, a las 2.35 comienza el fenómeno del eclipse solar observado desde la nave, que finaliza a las 3.32. El periodo de observación lunar concluye a las 3.20, y a las 4.50 se realiza un enlace descendente en directo con la Tierra.
Observación inédita de la cara oculta
La tripulación inicia el periodo de observación lunar a las 20.45 horas, en un sobrevuelo que se prolonga durante aproximadamente siete horas. Durante este tiempo, los astronautas se convierten en los primeros en contemplar la totalidad de la cara oculta de la Luna en un vuelo tripulado y en condiciones de iluminación parcial.
La nave se sitúa a unos 6.500 kilómetros de altitud sin entrar en órbita, describiendo una trayectoria de libre retorno en forma de ocho que le permite rodear el satélite y regresar a la Tierra. Entre los puntos de interés, los astronautas observan el Mare Orientale, un enorme cráter apenas visible desde el planeta, así como las zonas donde alunizaron las misiones Apolo 12 y Apolo 14.
Según la ingeniera aeroespacial Estel Blay, esta fase del vuelo constituye “una oportunidad muy destacable desde un punto de vista geológico”, ya que la cara oculta presenta una superficie mucho más accidentada y rica en cráteres.
Objetivos científicos y análisis geológico
La misión incluye la observación detallada de entre 35 y 41 objetivos específicos seleccionados por la NASA. La ingeniera Carlota Keimer explica que el propósito es analizar estructuras antiguas, anillos de impacto y materiales expulsados para comprender la evolución del satélite.
En declaraciones públicas, subraya que ya se ha podido identificar el Mare Orientale, lo que confirma el valor científico de la misión. La nave Orion, equipada con una treintena de cámaras, permite capturar imágenes y datos con una precisión sin precedentes en una misión tripulada.
Comunicación interrumpida y pruebas tecnológicas
Durante el paso por detrás de la Luna, la tripulación pierde el contacto con la Tierra durante unos 40 minutos, ya que el satélite bloquea completamente las señales de radio. Este aislamiento forma parte de los ensayos tecnológicos que buscan validar sistemas de comunicación y autonomía en condiciones reales.
Tal como señalan los expertos, la misión permite “probar y testar diferentes sistemas y entender cómo funcionan”, lo que resulta clave para futuras expediciones más lejanas.
Un eclipse solar desde el espacio profundo
Uno de los momentos más singulares del viaje tiene lugar cuando la nave entra en un periodo en el que la Luna eclipsa al Sol desde la perspectiva de la cápsula. Este fenómeno, invisible desde la Tierra, permite observar el satélite en penumbra y detectar destellos de luz provocados por impactos de meteoroides y partículas de polvo en suspensión.
La tripulación también aprovecha este momento para observar objetivos del espacio profundo, incluidos planetas, en un entorno visual único que amplía las posibilidades de estudio.
Diferencias con las misiones Apollo
A diferencia de las misiones Apollo, que sobrevolaron la cara oculta en condiciones de oscuridad total debido a la fase de luna llena, Artemis II realiza este paso con iluminación parcial. Esta circunstancia permite obtener una visión mucho más detallada del terreno lunar.
El divulgador Joan Anton Català explica que en las misiones anteriores la prioridad era garantizar el alunizaje en condiciones óptimas de luz, lo que dejaba la cara oculta completamente a oscuras durante su observación.
Un paso clave para el futuro espacial
La misión Artemis II no solo amplía el récord de distancia humana en el espacio, sino que también consolida una nueva etapa en la exploración lunar. Los datos obtenidos servirán para futuras misiones y para profundizar en el conocimiento de la geología lunar y de los fenómenos que se producen en su superficie.
La trayectoria de retorno de Orion garantiza el regreso seguro a la Tierra, cerrando una operación que combina avances tecnológicos, científicos y simbólicos en la carrera espacial contemporánea.
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