Mediapro acelera su transición interna con la llegada de Carlos Núñez y la salida de directivos históricos

La transformación de Mediapro ya es irreversible. La llegada de Carlos Núñez a la dirección ejecutiva y la salida de figuras vinculadas a la etapa Roures‑Benet confirman un cambio de ciclo en un grupo que afronta ajustes profundos, pérdida de contratos y un modelo audiovisual que necesita redefinirse con urgencia.

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Pie de Foto: Presentación de la colaboración entre Grup Mediapro y Google Cloud para crear un laboratorio de innovación especializado en imagen y vídeo generativo, en el ISE/ Firma: GRUP MEDIAPRO

 

La reconfiguración de Mediapro ya no es un proceso en marcha: es un hecho consumado. La compañía ha oficializado la llegada de Carlos Núñez y la salida de varios directivos vinculados a la etapa Roures‑Benet. Un movimiento que confirma lo que el sector intuía desde hace meses: el grupo audiovisual entra en una fase de transición profunda, marcada por ajustes internos, pérdida de contratos y un modelo de negocio que necesita redefinirse.

La inscripción de Núñez como apoderado solidario refuerza su papel como nuevo consejero delegado. Su aterrizaje, previsto para marzo, simboliza un cambio de ciclo. Llega tras haber presidido Prisa Media y con la misión de estabilizar una estructura que ha sufrido el impacto de la pérdida de derechos deportivos clave. No es un reto menor. En un mercado donde las plataformas compiten por cada minuto de pantalla, Mediapro necesita recuperar foco y prioridades.

 

Mediapro inicia una nueva etapa empresarial

El relevo no se limita a un cambio de nombres. Las salidas de Miguel Cardenal y Joaquim Triadú cierran una etapa marcada por perfiles con peso institucional. Cardenal, con pasado en el Gobierno de España, y Triadú, con trayectoria en la Generalitat, representaban una conexión directa con el mundo político y regulatorio. Su marcha evidencia que la nueva dirección quiere otro tipo de interlocución y, quizá, otra forma de entender la relación entre empresa y administración.

La salida de Laura Fernández Espeso añade otra pieza al rompecabezas. Durante años fue una figura clave en la expansión internacional del área de producción, especialmente tras la integración de Globomedia. Su marcha coincide con un ERE que afectará a más de mil trabajadores y con un ejercicio cerrado con pérdidas significativas. No es casualidad. Cuando una compañía entra en una fase de ajuste, los cambios en la cúpula suelen ser el preludio de una reordenación más profunda.

La pregunta es qué Mediapro quiere construir la nueva dirección. El grupo ha sido, durante décadas, un actor central en la producción audiovisual española y en la gestión de derechos deportivos. Pero el contexto ha cambiado. La renegociación constante de contratos, la presión de las plataformas globales y la caída de algunos pilares tradicionales obligan a repensar el negocio. ¿Puede Mediapro mantener su peso sin los activos que definieron su crecimiento? ¿O deberá reinventarse para seguir siendo relevante?

La transición está en marcha y ya no admite lecturas ambiguas. La salida de los directivos de la era Roures‑Benet y la llegada de Núñez marcan un punto de inflexión. Ahora falta saber si este cambio de rumbo será suficiente para que el grupo recupere estabilidad en un sector donde cada decisión pesa más que la anterior.

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