La entrevista más dura de Karmele Marchante: "Mi padre me pegaba por hablar catalán"

La periodista reaparece en ‘¡De Viernes!’ tras años alejada de la televisión y revive una infancia marcada por un padre represivo, la ruina económica y un accidente que lo cambió todo

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Karmele Marchante   CANVA
Karmele Marchante - CANVA

 

Tras años apartada de la primera línea mediática, Karmele Marchante vuelve este viernes a la televisión como invitada estrella de ‘¡De Viernes!’ (Telecinco). La periodista, uno de los rostros más emblemáticos de programas como Sálvame, protagoniza una reaparición muy esperada en la que hablará sin tapujos de su vida personal, su recuperación física y emocional y la dura etapa que atravesó tras una ruina económica derivada de un matrimonio fallido, tal como adelanta la revista Lecturas.

En el programa, Marchante también abordará el accidente que supuso un antes y un después en su trayectoria vital y cómo ha logrado rehacerse lejos de los focos. Pero su regreso televisivo ha vuelto a poner el foco en uno de los episodios más desconocidos y dolorosos de su biografía: su infancia en Tortosa.

Una infancia “muy triste” marcada por el miedo

Karmele Marchante nunca ha edulcorado su pasado. En declaraciones recogidas por Lecturas y en entrevistas anteriores, la periodista ha definido su infancia como “muy triste”. Creció en una gran casa familiar de la calle Sant Blai, donde su abuela regentaba la conocida tienda Casa Barrobés, pero ni el bienestar material ni el entorno familiar lograron compensar una niñez marcada por la soledad y la falta de afecto.

“No tenía amigas, no había cumpleaños, ni regalos, ni infancia”, ha recordado en más de una ocasión. El miedo y la rigidez marcaron su día a día, especialmente en la relación con su padre.

Un padre militar y la represión lingüística

El padre de Karmele Marchante era militar y de ideología franquista, y nunca aceptó el entorno cultural de Tortosa. Según ha relatado la propia periodista, no toleraba oír hablar catalán y llegaba a pegarle si la escuchaba utilizarlo con sus compañeras de colegio. "Me pegaba por hablar catalán", sentencia la periodista.

Más allá de la violencia física, Marchante ha subrayado siempre la ausencia total de cariño: “Nunca me dio una muestra de afecto ni de estima”. Una herida emocional que marcó profundamente su carácter y su futura militancia social y feminista.

De Tortosa a Barcelona: identidad y rebeldía

El traslado a Barcelona supuso un punto de inflexión. Tras pasar por entornos religiosos vinculados al Opus Dei, Marchante entró en contacto con los movimientos políticos y contraculturales de la época. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra, aunque su activismo provocó su expulsión y la obligó a continuar la carrera en Barcelona.

Fue entonces cuando decidió dejar atrás su nombre de nacimiento, Carme, y adoptar Karmele, su versión en euskera, como símbolo de una identidad propia, rebelde y alineada con sus ideales.

Una mujer forjada en la adversidad

En los años setenta, Karmele Marchante se convirtió en una figura clave de la contracultura, dirigiendo la revista Star, cofundando Ajoblanco y liderando espacios de feminismo radical y pensamiento libertario.

Hoy, con la perspectiva del tiempo, reconoce el dolor de aquellos años, pero también el aprendizaje: “Fue una infancia triste, pero me hizo una mujer fuerte”. Su regreso a la televisión, tal y como destaca Lecturas, supone no solo una reaparición mediática, sino el reencuentro del público con una mujer combativa, crítica y profundamente libre.

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