“Decadència” de Steven Berkoff en la sala Atrium
La apoteosis del hedonismo en un diálogo con reminiscencias passolinianas
A Steven Berkoff es fácil recordarle por su faceta como actor ya que es larga la lista de películas y obras de teatro en las que ha participado, en no pocas ocasiones en roles de “villano”, encasillamiento al que sin duda contribuye su aspecto físico. Pero el actor londinense es, a la vez, autor y entre su obra aparece un diálogo titulado “Decadència” que diríamos inédito por estos pagos, que Neus Bonilla y Carme Camacho han traducido al catalán y se ha estrenado en la Sala Atrium.
A medida que lo espectadores ocupan sus respectivas localidades, Miriam Alamany, elegantemente vestida con traje de noche, aparece y desaparece despreocupadamente por el espacio escénico con la desenvoltura propia de quien está por encima del bien y del mal y gusta de exhibir ante los demás una superioridad si no moral, sí desde luego social. Porque los dos personajes de este texto dramático -el rol masculino a cargo de Carles Martínez, constituyen una pareja de hecho que, al margen de sus respectivo matrimonios, comparten una vida de lujos, placeres, sexo y vicios que se intuye libre toda suerte de limitaciones.
Muy lejos del contexto en el que Passolini situó a los personajes de su “Saló o los 120 días de Sodoma”, lo cierto es que el ambiente y la contextura moral de los de “Decadència” nos hizo recordar a los de aquella discutida obra porque refleja el desmoronamiento de una sociedad enfangada en su propia voluptuosidad y en su rotunda insensibilización a todo lo que les ajeno. Es la apoteosis del hedonismo, del egoísmo y de la estulticia que conducen inevitablemente a un final incierto pero que se adivina dramático.
Alamany y Martínez “dicen” muy bien el texto, vocalizan con precisión -algo que empieza a resultar bastante infrecuente- y dotan a sus ambiguos personajes de unos rasgos inquietantes que son expresión de una conducta banal y un sistema de ideas valores pletórico de prejuicios (con ciertas alusiones del autor claramente racistas, sin duda utilizadas con voluntad crítica pero no por ello susceptibles de resultar severamente enjuiciadas)
En el montaje de “Decadència” hay que destacar la excelente iluminación de Sylvia Kuchinow porque adquiere una función esencial: la de crear un ambiente de elegante, sí, pero a la vez tenebroso y de obsesionante enclaustramiento. Todo ello, con el apoyo de elementos audiovisuales, conforma un espectáculo aparentemente sencillo pero mucho más complejo de lo que parece y, en todo caso, provocador.
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