“Carn humana”, una reflexión sobre la complejidad de las relaciones de familia (Atrium)
Josep Julien obtuvo el premioCiutat d’Alzira con una obra que quiere ser “un espejo incómodo de la sociedad en que vivimos”.
Sorpresa al entrar en la sala Atrium, un espacio escénico del ensanche barcelonés que suele deparar casi siempre novedades interesantes. El espacio escénico se ha transformado en esta ocasión algo parecido a un lugar semi selvático en el que la naturaleza emerge como principal protagonista. Árboles, hojas caídas sobre el suelo y, en el centro, un columpio y, en el centro, una tumbona en la que los espectadores observan desde el mismo momento de su entrada que se encuentra descansando Ramón, uno de los dos personajes de “Carn humana”, la comedia dramática con la que Josep Julien obtuvo el premio Ciutat d’Alzira de 2022. Elementos todos ellos que invitan a colegir que se trata de un texto capaz de despertar interrogantes.
Porque como dice su autor “volia escriure una comèdia sobre allò familiar, sobre una parella aparentment normal, però que acaba revelant-se com un mirall incòmode de la societat on vivim". Una obra en la que "darrere l'humor, hi ha una mirada sobre la pèrdua d'empatia, la competència i la mercantilització de les persones". Todo ello se desarrolla en torno a la experiencia vivida por la pareja de personajes imaginados por Julien: el ya citado Ramón (Santi Ricart) y su mujer Marcia (Meritxell Calvo) padres adoptivos de Marko, un niño bosnio (que nunca aparece en escena, pero su presencia se percibe) cuya relación familiar empieza a trastornarse a partir de la emergencia de una serie de hechos imprevistos y fortuitos capaces de alterar la hasta ese momento supuesta tranquila convivencia. Tiene, por tanto, “Carn humana”, un evidente ingrediente fantástico que va más allá de la realidad convencional.
El desarrollo de la acción dramática obliga a los personajes a sucesivos cambios de actitud y de ahí que pasen de momentos en los que se manifiestan con un lenguaje intimista a otros en los que explota la violencia en forma de gritos y denuestos. Acaso como en la misma vida cuando pasamos de la contención a la ira o al desconcierto.
Es de justicia resaltas tanto la creatividad mostrada por Anna Tantull en el diseño del espacio como la de Xavi Gardés en el de la iluminación.
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