“Una colección de arte permanentemente cambiante” en Can Framis
La Fundación Vila Casas propone una nueva lectura de su fondo de pintura, así como una espacio sobre la personalidad de su fundador, el farmacéutico y coleccionista de arte que le da nombre
Cuando uno es joven tiene que saber escuchar la opinión de sus mayores como hizo el barcelonés Antoni Vila Casas cuando terminó el Bachillerato y comunicó a su madre que quería estudiar Derecho. Su progenitora fue clara: le recordó que tenía dos hermanos abogados y que lo procedente era que escogiera otra carrera. Optó por la farmacia y el resultado fue que se convirtió en un gran profesional y en el creador de unos importantes laboratorios, algunas de cuyas especialidades, como la prodesmicina o el diazepan, que eran “mano de santo” para el tratamiento de ciertas patologías, le hicieron ganar mucho dinero. Dinero que supo emplear para dar rienda suelta a su vocación de coleccionista y mecenas de arte, gracias a a la que logró formar una importante colección de obras.
Todo empezó cuando se encaprichó de unos óleos de Cusachs de temática militar y se propuso adquirirlos. A falta de liquidez para ello, tuvo que vender su Montesa, pero consiguió aquellas obras. Fue el principio de un fondo de arte que hoy puede contemplarse en las diversas instalaciones que posee la Fundación Vila Casas, una entidad creada en 1986 con el propósito de promover la investigación farmacológica y sanitaria, pero que doce años después amplió sus objetivos hacia la vertiente cultural y artística.
A dicha Fundación pertenece Can Framis, antigua fábrica textil situada en el barrio barcelonés de Poblenou, que acaba de iniciar una nueva etapa con la presentación de “Una colección permanentemente cambiante” en la que se exponen 224 obras de 130 artistas catalanes seleccionadas entre las cerca de 5.000 que posee. Dicha muestra está precedida por une espacio expositivo dedicado a describir la peripecia personal, profesional y como coleccionista de Vila Casas, en la que se exhiben documentos suyos particulares, alguna maquinaria de la utilizada por los ya desaparecidos laboratorios Prodes que fundó y le permitieron ganar su fortuna -entre ellos, el aparatp con que se elaboraban los famosos supositorios- y ciertas obras que resultan particularmente significativas de su vida. Como un pequeño óleo sobre tela titulado “El faro de Saint Malo”, que el abuelo tenía colgado en el recibidor de su casa y ante el que Antoni se quedaba boquiabierto cada ver iba a verle. “Es un cuadro con el que he soñado toda la vida, es el cuadro de mi vida, sin duda. No hay ninguno otro que me haya gustado más”. Y lo dijo quien consiguió reunir una colección valiosísima en la que no falta ninguna de las grandes firmas del arte contemporáneo catalán y que se presenta en Can Framis en torno a tres ejes expositivos: “la materia como vehículo”, en donde se pone de releve la materia como contenedora de la vida y del pensamiento; “”la realidad transgredida”, en la que se explora la relación con el entorno: el paisaje, la ciudad y los objetos que nos rodean y definen; y “”el gesto de existir”, a titulo de recorrido que sitúa al ser humano en el centro con las consiguientes tensiones (materia y espíritu, vida y muerte, amor y violencia, identidad y pérdida) Todo ello en pintura, obra gráfica, escultura y fotografía, con amplia presencia femenina.
Can Framis está situada en la calle Roc Boronal nº 116 de Barcelona.
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