Lloll Bertràn cocina “La paella dels dijous” en la Sala Maldà

También existen secretos en el seno de cualquier familia, tal como plantea Cristina Clemente en este juguete cómico


 

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La Lloll hace paella en la sala Maldà
La Lloll hace paella en la sala Maldà

 

No tengo muy claro si la tradición sigue fijando el rito de la paella como plato fijo del domingo tal cual hacía doña Herminia, la mamá de una de mis primeras parejas, pero lo cierto es que dicho plato parece que ha quedado ahora como referente obligado en los menús de oficinista de los jueves. Y Cristina Clemente ha sido fiel a este nuevo calendario para establecer el momento del obligado encuentro familiar entre una madre y sus dos hijos en su comedia -un verdadero juguete cómico de los de toda la vida- “La paella dels dijous”, que se consagró como una de las obras seleccionadas en la campaña “On el teatre batega” de hace un par de años. 

Con todos los merecimientos, puesto que es una pieza teatral de sencillo montaje, carpintería argumental bien construida y temática grata y nada extemporánea. Porque lo que viene a sugerir es que en cualquier familia pueden existir secretos más o menos ocultos que solo esperan la ocasión adecuada para poder ser revelados. En este caso, dos: la improbable relación sentimental entre Lia, la hija, y el televisivo Jordi Cruz, y otra mucho más real y en realidad hoy nada fuera de lugar por parte de la madre, Mercè.

La Sala Maldà, donde se cocina esta imaginaria paella teatral, es el lugar idóneo para este tipo de obras por su carácter íntimo, puesto que el espacio escénico, que comparte con el respetable, es el propio del salón de una casa burguesa de la Barcelona del siglo XIX, aquellas mansiones señoriales donde se recibía los jueves -o cualquier orto día de la semana- si no con paella, acaso con soconusco y mojicón.

Asume en este montaje el protagonismo de la función Lloll Bertràn, lo cual constituye de por sí un aliciente indiscutible, que ejerce su vis cómica con la habitual maestría pero muy mesuradamente, ya que en este caso los papeles más desopilantes son los que corresponden a sus dos hijos, roles que cumplen Jordi Andújar y Núria Cuyàs. Sesenta minutos de un enredo familiar sin pretensiones, pero con todos los elementos necesarios para hacer pasar al espectador un  rato muy agradable.


 

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