Gerard Bellver traslada la cocina catalana de Carvalho a la FIL de Guadalajara con un menú literario

El cocinero barcelonés Gerard Bellver se ha inspirado en el detective Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán en el menú del almuerzo inaugural de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), en la que Barcelona es la invitada de honor.

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El cocinero Gerard Bellver
El cocinero Gerard Bellver - EUROPA PRESS

 

En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), donde Barcelona es invitada de honor, la literatura y la gastronomía se entrelazan de manera singular. Gerard Bellver, reconocido chef de la ciudad condal, lleva al paladar de los comensales un recorrido culinario inspirado en la obra de Manuel Vázquez Montalbán y su icónico detective Pepe Carvalho. La iniciativa convierte la cocina catalana en una narradora silenciosa, capaz de contar historias a través de sabores, aromas y texturas, mientras más de 700 personas comparten la experiencia.

 

Un menú inspirado en la narrativa

Gerard Bellver ha concebido lo que él llama un «menú literario» que rinde homenaje a Carvalho. «En las obras de Montalbán existen muchas referencias a la cocina», explica el chef, y añade que estas menciones fueron la guía perfecta para elaborar un menú que combinara tradición y creatividad. La propuesta gastronómica refleja la riqueza de la cocina catalana y, al mismo tiempo, evoca la atmósfera de las novelas del escritor, donde los platos forman parte de la identidad de los personajes.

El menú incluyó una esqueixada de bacalao ahumado, pescado favorito de Carvalho; un suquet, plato marinero característico de la costa catalana; un fricandó de setas, que combina tierra y bosque en un solo bocado; y un trencadís de queso fresco y miel de agave como postre, rematando la experiencia con un guiño estético y dulce.

 

Preparación y viaje culinario

Bellver, que residió durante 28 años en México, viajó a Guadalajara en septiembre para preparar y ajustar el menú. «Practicamos a pequeña escala con los cocineros del hotel, sobre todo los sofritos y los caldos», relata. Su labor consistió en garantizar que cada plato mantuviera la autenticidad de Catalunya mientras se adaptaba a la logística de servir a cientos de comensales de manera simultánea.

Como propietario del restaurante Jiribilla en Barcelona, Bellver también coordina los menús del Festival Gastronómico de la FIL durante los nueve días del evento en el restaurante Los Vitrales del hotel Barceló de Guadalajara. Esta doble función, explica, le permite integrar la identidad literaria de la ciudad condal con una propuesta culinaria de alto nivel.

 

Detalles que cuentan historias

La experiencia culinaria finalizó con un detalle que unió tradición y creatividad: un ‘briox’ en forma de panot, la baldosa típica de las calles de Barcelona, relleno de chocolate. «Quisimos ofrecer un recuerdo dulce y simbólico de la ciudad», afirma Bellver. El postre fue elaborado por Ton Cortés, de Suca’l de Barcelona, ganador del premio al mejor panettone del mundo en 2024, reforzando la conexión entre la excelencia gastronómica catalana y la tradición urbana de la ciudad.

Cada plato, cada aroma y cada presentación funcionaron como un guiño al universo de Carvalho, donde los sabores no son solo alimento sino también narrativa. La comida se convierte en texto, y el comensal en lector, interpretando los matices que la cocina propone como si fueran páginas de un libro.

 

Gastronomía y literatura: un diálogo inevitable

La elección de Gerard Bellver no es casual: la obra de Manuel Vázquez Montalbán está llena de referencias culinarias, y la cocina catalana ocupa un lugar central en el desarrollo de sus personajes. Este enfoque permite a los asistentes vivir la literatura de manera sensorial, con cada bocado como metáfora de la narrativa, y cada textura como símbolo de la ciudad y sus tradiciones.

El chef insiste en que «la gastronomía tiene la capacidad de contar historias, y si además se combina con la literatura, el resultado es inolvidable». La FIL de Guadalajara, con Barcelona como invitada de honor, se convierte así en escenario donde la literatura y la cocina dialogan, mostrando que los libros no solo se leen, sino que también se saborean.

 

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