La sala Badabadoc presentó el thriller “Muerde”
Un monólogo de Francisco Lumerman que llega a España avalado por su éxito en el cono sur americano
La cartelera local no es ajena a las producciones que nos llegan desde la otra orilla del Atlántico y acreditan la vitalidad del teatro escrito, montado y representado en aquellos países tan vinculados a nuestra propia cultura y a nuestro idioma común. Pese a ello no son todavía suficientes los esfuerzos para hacer viable esa presencia en los teatros de la piel de toro y más aún en los de nuestra ciudad donde la producción autóctona ha adquirido manifiesta preeminencia. Ello no excluye sorpresas como la del monólogo “Muerde”, un thriller del autor argentino Francisco Lumerman que ha sido acogido durante unos días en la sala Badabadoc.
Hemos husmeado por el itinerario de este texto dramático por la otra orilla del océano y hemos constatado que ha tenido una excelente acogida en diferentes ciudades del cono sur. Pero nos ha llamado la atención el hecho curioso de que por aquellos pagos ha sido casi siempre representado en locales de gran aforo, mientras que en Barcelona lo ha sido en una de nuestras numerosas salas de pequeño formato. En nuestra modesta opinión, un lugar mucho más adecuado para la plena inserción del espectador en este texto que es profundamente dramático, amargo, desesperanzado, en ocasiones violento, pero no por ello menos cautivador.
Luciano Cáceres es su intérprete y no cabe duda de que ejecuta su trabajo con toda solvencia, acentuando el carácter trágico de un personaje que en algún momento se desdobla en otro y que pasa de momentos de cierto intimismo a otros de extraordinaria rudeza. Ello le obliga a desarrollar un trabajo interpretativo que exige un esfuerzo denodado pero que en el espacio escénico de Badabadoc llega de forma muy directa al público. Y lo hace con parvos elementos, prácticamente sin otros recursos escénicos que una mesa, un cajón que le sirve para sentarse de tanto en cuando y una cuerda. La tensión dura una hora justa, más que suficiente para alcanzar en algunos momentos un intenso clímax que deja al actor y al espectador en plena tensión, lo que hace de “Muerde” toda una experiencia teatral.
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