“Honestedat”, un reto dramático para dos grandes intérpretes
Francesc Cuéllar dirige en el Teatre Akadèmia este diálogo teatral que protagonizan Miriam Iscla y Dafnis Balduz
Del cine al teatro o el teatro dentro del teatro. Desde ambos puntos de vista puede analizarse “Honestedat”, el texto dramático en el que Francesc Cuéllar ejerce como dramaturgo y director en el Teatro Akadèmia. Se trata en realidad de un diálogo que discurre entre dos personajes situados en torno a una mesa en el que una actriz -Miriam Iscla- y su director -Dafnis Balduz- debaten sobre la oportunidad de llevar a cabo al día siguiente el rodaje de una escena en la que la actriz deberá desnudarse, condición que se había establecido contractualmente en su día y que ella había aceptado, pero que, antes de llegar el momento de hacerlo, pretende excusar al punto de negarse a cumplir con dicho requisito.
Dice Cuéllar que “Honestedat” “només pretén ser un exercici d’anar a investigar la complexitat i l’amplitud del que el concepte vol dir, sobretot entre dues persones que s’estimen. Dir ‘no’, posar límits, negar-se a fer una cosa amb algú amb qui estimes… és aparentment senzill, però pot desestabilitzar tota una relació. Aquí hi ha una disputa entre vulnerabilitat i ego, entre amor i voluntats o ideals professionals: intentar ser coherent i intentar no fer-se mal. I nosaltres hem intentat que la paraula sigui el centre, que tot el pes estigui en el contingut: el continent hi és, i l’hem treballat des d’un lloc molt plàstic i estètic, però perquè no tragués el focus de què és important. També penso que, molt de fons, hi ha una mena de crítica a la meva generació: és molt fàcil defensar causes a xarxes, però quan s’ha de posar el cos, els valors trontollen. I en el pas del cinema al teatre hem volgut anar a llocs més complexos, més profunds, no quedar-nos a la superfície: que no hi hagi un blanc i un negre, sinó un riu que fluctua".
Casi noventa minutos para debatir un aspecto concreto del quehacer artístico del personaje femenino pero que, a medida que discurre sobre el espacio escénico la conversación con su director va progresivamente derivando en una larga sucesión de interrogantes que nos invitan a poner en tela de juicio en qué consiste la “honestidad”. Un debate que va mucho más allá de la anécdota del desnudo propiamente dicho que y en el que ambos personajes van desvelando paulatinamente las anfractuosidades de su personalidad más íntima y hasta qué punto son honestos en sus propios actos.
Al margen las peripecias dramáticas del texto, el verdadero reto del mismo radica en la obligación que somete a los intérpretes de desplegar todos los recursos de su capacidad histriónica porque a medida que uno y otro se ven constreñidos a abrir su alma frente al otro deben una y otra vez variar de tono, de ritmo, de expresión verbal. Este itinerario dramático resulta, por tanto, de muy delicada ejecución puesto que cada momento exige matices peculiares que Iscla y Balduz deben saber expresar adecuadamente. Y a fuer de sinceros hemos de decir que lo consiguen con brillantez. “Honestedat” resulta por tanto un texto dramático no solo interesante desde el punto de vista conceptual, puesto que invita a poner en tela de juicio la forma en que somo capaces de afrontar muchos actos de nuestra vida, sino sobre todo porque constituye una ocasión excepcional para desplegar las capacidades dramáticas de sus intérpretes, lo que hace de este montaje una verdadera lección de excelencia actoral.
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