“Bonobo”, un monólogo inspirado en la dramática peripecia del yihadista Yunnes Abuyakub
Sala Fénix recupera el thriller que Josep Julién estrenó en el TNC y que protagoniza Moha Amazian
El universo teatral barcelonés no funciona a base de proyectos aislados, sino que existe una intercomunicación cada vez más fecunda que permite que obras y montajes surgidos en una sala determinada se trasladen al cabo de cierto tiempo a otra. Y ello ocurre entre escenarios harto diferentes, de modo que producciones surgidas en pequeños teatros del Off Barcelona pasen a salas comerciales o que otras, estrenadas en locales de gestión pública, se muevan luego a otros de no menor ambición pero sí acaso más parvas disponibilidades. Este es el caso de “Bonobo”, un texto de Josep Julien que fue estrenado en una de las salas de Teatro Nacional de Cataluña y que ahora se ofrece en el cálido y recoleto ambiente de la Sala Fénix de la calle Riereta.
“Bonobo” es un texto teatral caracterizado por varias notas peculiares. Según confesión de su autor, estuvo inspirado por una coincidencia puramente casual: el prendimiento habido el 21 de agosto de 2017 por los Mozos de escuadra de Yunnes Abuyakub, uno de los implicados en el atentado terrorista cometido en Barcelona el día anterior. Su captura se produjo en la viña del término municipal de Subirats donde se había agazapado y que se encontraba a doscientos metros de la vivienda familiar de Julien. Un hecho ciertamente fortuito pero que inspiró a este hombre de teatro a escribir el thriller que nos ocupa.
“La dramaturgia -dice- ha puesto en mis manos durante todo el tiempo que este texto teatral lleva madurando, un elemento incomparablemente potente de reflexión. Durante ese tiempo, Yunnes, el yihadista, el asesino, el monstruo, ha evolucionado de la condición de persona a la de personaje. Lo he despojado de su identidad, de su nombre y de sus alucinados objetivos para convertirlo en otro. En el protagonista de un viaje diferente, conectado al suyo, pero también, por obra y gracia del poder de la ficción, encaminado a formular preguntas que me parecen angulares en el contexto moral y sociopolítico de esa primera mitad de siglo. En el viaje físico, pero también interior –iniciático– de ese chico, le acompañan otros personajes. Todos ellos extraídos, como el protagonista, de una realidad con la que convivimos a diario pero que en muchas ocasiones escogemos obviar o hacer invisible. Los conflictos que se generarán entre ellos son los que, si todo va como debe ir, nos abrirán el hueso de la función. La posibilidad de redención, la pulsión de odio como motor, la piedad como valor intrínseco de los humanos, la fragilidad de nuestras convicciones, de nuestra identidad, y la existencia o no de segundas oportunidades en la vida de las personas, son los temas troncales que deben vertebrar el texto de esta pieza. La forma escogida para desarrollar todo ello es la de una fuga, la de una road movie hacia un desenlace incierto. No he querido renunciar en ningún momento a hacer un texto ameno, distraído incluso, con elementos tomados del thriller y volcando bastantes referentes cinematográficos con el objetivo de llenarlo de imágenes que, en última instancia, deberán ser descodificadas por el receptor de la historia para que pueda llegar a sus propias conclusiones”.
Otra peculiaridad de este texto es su protagonista: Moha Amazian, un actor que me recuerda, salvadas las distancias, a Conchita Montes, quien llegó al teatro después de haber cursado la licenciatura en Ciencias Exactas. A diferencia de otros profesionales que se gradúan en artes escénicas y nada más, Moha lo ha hecho mientras se doctoraba en Química. Hay que decir que su interpretación del único personaje de esta obra - es excelente. A nuestro modo de ver la nota dominante es una clara acentuación de la naturalidad. Con el mérito sobreañadido de que, convertido el texto original, con dos intérpretes, en monólogo, no es nada fácil mantener el ritmo en absoluta soledad durante noventa minutos largos y más cuando en esta nueva versión hay momentos en que el personaje debe desdoblarse en diálogo con otro. “Bonobo” no es una obra fácil pero precisamente en eso radica su propio mérito.
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