“Treballs forçats”: el lenguaje de signos en el teatro

Un diálogo teatral entre una persona sorda y un intérprete en lenguaje de signos

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Treballs forçats en el Lliure
Treballs forçats en el Lliure

 

Hay experiencias que es necesario vivir para poder comprender su mensaje. Una de ellas fue la que experimenté durante un crucero fluvial. El azar me unió en la misma mesa del comedor del barco con tres amigas sordomudas que viajaban juntas. Compartir las tres comidas del día obliga a establecer con los demás comensales una línea de comunicación lo más fluida posible, algo que en este caso no resultó nada fácil, aunque la experiencia resultó a la postre muy gratificante. Hay que aclarar que yo no tenía dificultad alguna en expresarme: podía hacerlo con absoluta normalidad, hablando como si mis interlocutoras pudieran oírme, lo que no les era posible. Pero en cambio sí eran capaces de “leer” en la expresión de mis labios lo que yo les estaba diciendo. La comunicación inversa en cambio resultó harto más difícil, pues resultaba complicado que yo captara sus respuestas.

Lo cuento como proemio a la última función del Espai Lliure de Montjuic donde Nico Jongen se ha propuesto llevar a cabo un “viaje sensorial que explora los mecanismos que intervienen en la comunicación, las dificultades que conllevan y la necesidad de llegar a los demás para construir la identidad colectiva”. Se trata del último montaje que la compañía Ça marche con el propósito de aproximarse a comunidades que no acceden habitualmente al teatro y, según confiesa Jorgen, “de forma bastante intuitiva me puse a trabajar con personas sordas”. El resultado “Treballs forçats”, un montaje teatral con dramaturgia de Roberto Fratini con Pepita Cedillo —performer sorda signante—, Javier Díez —intérprete en lengua de signos— y el propio Jorgen, situando en el mismo nivel escénico la lengua de signos catalana y el castellano oral. "Trabajamos sobre todo -dice el director- con la vibración y la amplificación y así podemos generar un puente entre las distintas plateas". El público puede seguir detalladamente la conversación con la ayuda de la pantalla disponible al efecto y sentirse inmerso de esta manera en esta experiencia dramática ciertamente singular. 

Cabe añadir que, finalizada la función, tiene lugar un coloquio para que los espectadores se hagan preguntas entre ellos y la platea oyente pueda empatizar con la platea sorda. Para Jorgen es "un cierre muy emocionante. Nace una curiosidad entre las dos plateas, muchas reflexiones compartidas y muchas ganas de entenderse".


 

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