Una atrevida versión de la “Salomé” de Oscar Wilde (Tantarantana)

El más polémico texto teatral de Óscar Wilde llega a los escenarios barceloneses en una versión de Mía Parcerisa interpretada por La Cremosa

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Salomé en el Tantarantana
Salomé en el Tantarantana

 

“Salomé” fue una de las obras más polémicas de Óscar Wilde. Bastará con recordar que escrita en 1891, tuvo que publicarse primero en Francia y que solo llegó a los escenarios ingleses cuarenta años después, cuando su autor llevaba tres décadas fallecido. El irreverente y escandaloso planteamiento, con un canto desaforado a la pasión amorosa insatisfecha, ha sido el pasaporte propicio para que directores y adaptadores hayan jugado con ese carácter y acentuado rasgos que rompen la normativa convencional. A tales efectos no puedo olvidar la versión que hizo Terenci Moix en catalán hace unos años para TVE con Nuria Espert y Enric Majó como protagonistas (Salomé y Iokanaan/Juan Bautista) Un trabajo osado e irreverente en el que el intrépido escritor de la calle del Poniente ponía singular acento gay tanto en la iconografía, como en el mensaje subyacente.

No me cabe la menor duda que el solsonés Mia Parcerisa ha seguido esta pauta con una versión de su autoría que ha dirigido para la compañía La Cremosa y que se ha estrenado en el Teatro Tantaratana bajo su propia dirección. Dice de la “Salomé” que “es evidente que es una pieza erótica y violenta, pero también delicada, de orfebrería y muy sutil. Su simbolismo hace que el subtexto contenga todos los elementos esenciales que quería expresar Wilde y que también habrían sido provocadores en su tiempo. Sin embargo, lo que se le reconoce ha sido la primera capa y la más superficial: la de la violencia, la locura y la antirreligiosidad”.

En esta versión que comentamos, la fuerza expresiva del texto se apoya en la interpretación de Zúbel Arana, Guillem Font, Gerard Franch, Julia Genís, Joan Marmaneu y Pau Oliver o Álex Pujol (según las funciones) que lo dicen en un escenario sin aditamento alguno, ante un telón de fondo negro del que sobresale únicamente la imagen de la luna. Aparecen al principio de la función ante el público vestidos convencionalmente para, acto seguido, desnudarse y caracterizarse con el vestuario propio de sus respectivos personajes que, salvo en Herodías, es escueto, parvo, nimio, vacuo cuando se desprende en determinados momentos para dejar al actor o actriz en rotunda desnudez. Parcerisa ha llevado el erotismo de la obra primitiva a extremos propios de lo que en cine y durante algún tiempo se clasificaba con la letra S, incluyendo fuertes y explícitas dotes de sexo y/o homoerotismo. Nada que hoy sorprenda demasiado en públicos adultos de estos pagos, todo hay que decirlo.

El espectáculo resulta de una gran belleza estética, subrayada por la alternancia de momentos de desaforado movimiento con otros de lenta cadencia, mientras la palabra fluye a veces mesuradamente, otras a gritos desaforados (en nuestra opinión algo excesivos y sobrepuestos, porque impiden captar el cabal significado de las palabras). Una apuesta sin duda arriesgada y que puede suscitar polémica, pero que no dejará indiferente a nadie.  


 

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