“Venus in fur” o la búsqueda del placer en la sumisión
Un texto del autor austríaco David Ives basado en la obra de Leopold von Sacher-Masoch cuyo apellido dio nombre al “masoquismo”
Cuando el apellido de una persona llega a obtener consagración como nombre común en el diccionario ello quiere decir que el término definido ha adquirido plena carta de naturaleza. Del apellido del escritor Leopold von Sacher-Masoch derivó “masoquismo” que el diccionario de RAE describe en dos acepciones paralelas, la segunda más benévola que la primera. Así “perversión sexual de quien goza con verse humillado o maltratado por otra persona” o “complacencia en sentirse humillado o maltratado”.
El autor austríaco escandalizó a la convencional e hipócrita sociedad centroeuropea del siglo XIX por la presencia en su obra de personajes femeninos dotados de fuerte personalidad, capaces de imponerse sobre los hombres y cuya máxima expresión la adquirió en uno de su textos, “La Venus de las pieles”, en el que proponía, en este caso ya sin rodeos, la utilización de este tipo de relación como una forma sublimada de sexualidad. Décadas más tarde, a mediados del siglo XX, otro escritor, en este caso el norteamericano David Ives, convirtió este tema en una obra dramática titulada “Venus in fur” que, debidamente versionada al catalán, se ha presentado en la Sala Atrium de Barcelona.
Ives sitúa la propuesta de Sacher-Masoch en torno a una pareja de personajes cuyo nexo de unión es precisamente el montaje de la versión dramática del conflictivo texto: un director que se propone llevarla a cabo y una actriz descarada que se presenta intempestivamente -en medio de una tormenta con ruidoso aparato eléctrico- reclamando el papel protagonista cuando parece que carece de todo atisbo de aptitud para ello. A lo largo de hora y media el autor juega con estos dos personajes como si fueran títeres cuyos hilos mueve ingeniosamente, haciendo que el desprecio inicial del que parece fuerte se vaya diluyendo frente a la habilidad del otro y generando una relación que acaba en la más pura y absoluta sumisión.
Alfons Casal ha dirigido a Claudia Riera y Uri Guillem con habilidad, de tal modo que la evolución que experimentan sus respectivos personajes resulta, no por inesperada y anómala, menos creíble. Riera convence en su progresiva evolución de mujer superficial y atrevida en dómina resuelta que sabe muy bien lo que quiere, mientras que Guillem ejecuta una evolución contraria y pasa de ser el profesional seguro de sí mismo que pretende deshacerse de la presencia de la intrusa al hombre que acaba sucumbiendo a la entrega de su propio yo. El inicio más caricaturesco de Vanda -ella-, induce a Riera a un cierto atropellamiento en la dicción que hace más esforzada la comprensión del texto, aunque va poco a poco atenuándose, mientras que la dicción de su partenaire es en todo momento más clara.
A estas alturas de la historia, cuando tantos tabúes han ido cayendo, “Venus in fur” ha perdido el atrevimiento que pudo tener en el pasado, pero no por ello deja de constituir un resquicio por el que chafardear cómo puede ser una relación acaso infrecuente, pero real.
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