“El párroco Niefang”, una novela de Joaquín Mbomío representativa de la literatura ecuatoguineana
La peripecia de un sacerdote recién reincorporado a su función clerical tras haber sufrido persecución durante la dictadura de Macías sirve al autor para hacer un retrato de la sociedad ecuatoguineana a caballo entre sus tradiciones seculares y la huella religiosa, cultural e idiomática de la etapa española
No es una novedad absoluta, sino una reedición y tampoco tengo muy claro como digerirá el lector actual “El párroco de Niefang” (Ediciones en Auge) de Joaquín Mobomio Bacheng, pero debo reconocer que para mí me suena como algo que permanece escondido en mi memoria, entre los recuerdos de mi juventud cuando, al estudiar geografía de España, incluíamos las llamadas “provincias africanas”. No es extraño por tanto que me sonara el topónimo de Niefang como uno de los pueblos de la provincia de Río Muni, aunque entonces su denominación completa era “Sevilla de Niefang”. Con la independencia perdió la referencia a la capital hispalense, pero en cambio el puente construido durante los años de la autonomía sigue llamándose “de Triana”. Detalles que nos inducen a dilucidar qué es lo que quedó de la etapa de colonización española, violentamente rota por un primer período de independencia durante el cual la nueva Guinea Ecuatorial quedó sumida en la sanguinaria dictadura del enajenado primer presidente, un tal Macías, antiguo funcionario colonial admirador de Hitler y Kim il Sung.
La destitución por un golpe de Estado y posterior fusilamiento sumario de aquel individuo por su sobrino Teodoro Obiang permitió a la sociedad ecuatoguineana recuperar aspectos fundamentales de la vida anterior, entre ellos el derecho a practicar su religión que, como fruto de la herencia colonial, era mayoritariamente la católica. Mbomío, a quien la destitución y ejecución de Macías liberó de una de las peores cárceles de África, imagina la análoga liberación del padre Gabriel y de su regreso a Niefang para reasumir el cuidado de su grey. Pero el caso es que la Santa Sede ha valorado el heroísmo demostrado por el sacerdote durante su cautiverio en las prisiones del régimen anticlerical y por ello recibe través del nuncio la noticia de su próxima promoción a la dignidad episcopal. Algo que ocurre en un momento crucial de su vida, cuando atenazan al presbítero educado en Salamanca serias dudas sobre su continuidad en el oficio religioso, dudas que le mortifican precisamente durante su reencuentro con aquellos de los que fue pastor y que le reciben no ya como un héroe, sino casi como un mártir redivivo y punto menos que como un santo capaz de hacer milagros como el de volver a la fe “in artículo mortis” al acaudalado Macuale. Para mayo inri, se interfiere en su camino María Soledad, con la que descubre el amor humano que hasta entonces le había sido esquivo y que no hace sino aumentar sus dudas.
Todo ello lo adereza Mbomío con un retablo apasionante sobre las formas de vida en el interior de Río Muni, la zona continental de Guinea Ecuatorial, poblada mayoritariamente por la etnia fang, aunque en contacto con la playera de los ndowés, lo que le da pie a describir paisajes -Bata, con su barrio de Comadanchina, por supuesto Niefang, la aldea de Edum…-, así como numerosos personajes, tales los curas que le acompañan en la misión de Bata, el cazador pagano Ndong Mbona, el curandero Ngang Ondo, el catequista Anacleto; y de mencionar tradiciones como las fiestas populares y bailes -como el obrung, la ingestión de malamba y topé, la actuación de los curanderos tradicionales o el rezago de los cultos a los ancestros.
Y, por supuesto y a pesar de la influencia de la moral cristiana, la supervivencia de una sexualidad libérrima que incluye la compatibilidad entre el matrimonio canónico y la poligamia o los enlaces entre ancianos y niñas adolescentes. Con una visión del amor no exenta de autenticidad y atracción, tal cual la que le describe Catalina, la mujer adúltera del catequista, al aturdido padre Gabriel cuando le explica que “en la vida hay un hombre que viene y te da toda su vida, su casa, sus bienes, su tribu, incluso te da hijos… (pero) luego hay otro que viene a darte otra cosa, algo que no se compra, ni se discute. Es algo que se siente profundamente… algo maravilloso, como el movimiento de una ceiba, es como el nacimiento de una flor, es como el rayo solar que atraviesa la flor primaveral, es como el soplo de la atmósfera diáfana, como la vocecita de un ángel que viene a susurrarte en el oído eres guapa y hermosa, yo te adoro; entonces te sientes feliz, te sientes mujer y vives el gran amor como el árbol lleno de flores”.
Mbomío se expresa en español preciso, rico, elegante, poético, evocador de paisajes y gentes, capaz de entreverar armoniosamente la cultura local con la de la antigua metrópoli y de dejar constancia que ni la diabólica persecución de Macías, ni el oportunista acercamiento de su sucesor Obiang a la francofonía han podido atenuar ni un ápice la herencia colonial: el idioma español y la religión católica.
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