Una propuesta de revisión de la figura de Judas en “Stand up for Giuda”
Leonardo Petrillo propone una revisión del papel de Judas Iscariote en un monólogo que interpreta Ettore Bassi
Es bien sabido la natural tendencia de los seres humanos por calificar a nuestros semejantes de forma categórica y así los hay “buenos” y otros “malos”, sin matiz alguno. Pero ambas calificaciones son extremas y ni los unos, ni los otros son lo que suponemos sin más, sobre todo cuando resulta que la historia ha acabado incluyendo a ciertos personajes en una de las citadas categorías sin atreverse a realizar un análisis ponderado de su actuación que invitaría, como mínimo, a revisar las razones y circunstancias de su vida. Tal ocurre por ejemplo con numerosos personajes bíblicos y, por lo atañe en concreto al Nuevo Testamento, los hay claramente situados en la segunda categoría como el Herodes que ordenó la matanza de niños -según todos los indicios, un supuesto legendario-, el Pilatos que condenó a Cristo a morir en la cruz, o Judas Iscarote, el discípulo que le traicionó y ha quedado como paradigma de la deslealtad.
El autor italiano Leonardo Petrillo propone una reflexión sobre la actuación de este último en “Stand up for Guida” con una tesis que disiente claramente de la tradicional interpretación canónica. El autor sugiere que, en realidad, el apóstol cumplió una función prevista por el Padre para que el Hijo pudiera, con su muerte, redimir a la humanidad. Ese es el eje argumental de “Stan up for Guida”, un monólogo que se ha presentado en el teatro Akadèmia dentro de TAK internacional, un ciclo de dramaturgia que este año está dedicado a Italia y dirige Enrico Ianniello.
Judas es, en este caso, Ettore Bassi, un actor muy conocido en Italia, acaso también por sus tareas en televisión, quien, bajo la dirección del propio autor, asume la tarea de encarnar al apóstol traidor. No es, desde luego, un trabajo fácil, tanto por la complejidad del texto, que propone como se ha visto una novedosa y no carente sentido reinterpretación de los textos neotestamentarios dándoles un sentido diferente al convencional, como también por el esfuerzo que conllevan las propias anfractuosidades del personaje. Bassi se mueve con soltura por escena y cambia de tono, ritmo e intensidad según invita a hacerlo el texto de Petrillo y lo hace en todo momento sin exagerar el dramatismo inherente a los momentos finales de la vida del Redentor, particularmente durante lo ocurrido en el transcurso de la última cena. Una actuación muy medida que pone sobre el tapete la cuestión capital cuando Judas/Bassi depone el argumento clave que invita a la redefinición de su papel en la historia en la fe y dice: “Yo fue el responsable de la muerte de Cristo, pero no el culpable”.
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