En torno a la sinfonía del clasicismo en Mozart y Haydn
La orquesta italiana Accademia Bizantina lanza un nuevo disco de su serie dedicada a las grandes sinfonías
La formación italiana Accademia Bizantina tiene la costumbre de interrumpir periódicamente su trabajo regular con la música barroca para ofrecer una versión fresca y renovada de célebres sinfonías de compositores posteriores, como Mendelssohn, Schumann, Beethoven, Schubert, Mozart y Haydn. En palabras de Ottavio Dantone, director de la orquesta, esta iniciativa pretende explorar el lenguaje del periodo romántico conjugando tanto los cambios estéticos y filosóficos que tenían lugar en el momento, como las influencias de las épocas anteriores que de algún modo sobrevivían en la nueva sensibilidad floreciente. A grandes rasgos, esta es la esencia del proyecto Imprinting, cuyo segundo volumen acaba de salir al mercado.
En 2024, Accademia Bizantina lanzó la primera entrega de esta colección, que estuvo dedicada a la sinfonía Renana de Robert Schumann y a la conocida como Italiana de Felix Mendelssohn; la presente está integrada por la sinfonía nº 41 Jupiter de Wolfgang Amadeus Mozart y por la nº 104 Londres de Franz Joseph Haydn. El método de trabajo que propone Dantone es la recuperación de un lenguaje que sea lo más próximo posible a las intenciones del autor interpretado y que, a la misma vez, resulte eficaz y comprensible para el oyente de hoy. Es por ello, que resulta crucial interpretar los símbolos que ofrecen en sus composiciones los autores de los siglos XVII y XVIII, una serie de códigos destinados a despertar la sensibilidad del oyente.
La Accademia Bizantina nació en 1983 como una orquesta de cámara con instrumentos modernos. Entre las muchas distinciones que ha cosechado su trabajo, el grupo fue elegido la segunda mejor orquesta del mundo en los prestigiosos Gramophone Awards 2021 de la conocida revista británica Gramophone, y, en 2018, recibió el premio Gramophone Classical Music Award al “Mejor disco de recital” con Agitata, junto a la contralto Delphine Galou. Además, ha recibido otros importantes reconocimientos: Diapason d’Or, Midem, Choc di Classica, Opus Klassik y Grammy Music Awards.
Las obras que presenta Imprinting son obras de madurez de ambos compositores. De acuerdo con algunos expertos, Haydn y Mozart constituyen el puente entre la sinfonía pre-clásica y la sinfonía clásica propiamente dicha, es decir, la que surge en las tres o cuatro últimas décadas del siglo XVIII. En el caso de la Jupiter, Mozart la compuso en 1788 -tres años antes de su muerte-, mientras que la pieza de Haydn está fechada en 1795 y se trata de la última sinfonía que escribió. La selección de estas dos obras para la grabación no se limita solamente a su coincidencia cronológica cerca del final de siglo, sino, como explica Ottavio Dantone, «por la calidad de las innovaciones introducidas por los dos genios del siglo XVIII en el amanecer de una nueva era».
Los dos compositores plantean dos aproximaciones distintas a la sinfonía, de acuerdo con Dantone, así, mientras que Mozart es más «especulativo y universal», Haydn es más «práctico, teatral y sujeto a la experiencia de escucha». En esta misma línea de razonamiento, el musicólogo norteamericano A. Peter Brown defiende que ambos músicos tenían una diferente aproximación a la orquesta, que define como «generacional», de forma que Joseph Haydn sería el producto del Barroco vienés de mediados de siglo y, en cambio, Mozart estaría más influido por las actitudes galantes y clásicas que emergen en las sinfonías inglesas de Carl Friedrich Abel y Johann Christian Bach.
La sinfonía nº 41 Jupiter de Wolfgang Amadeus Mozart a veces se ha concebido como parte de una trilogía a la que también pertenecerían la número 39 y la 40, conocida como Gran sinfonía. Esta asociación tiene su origen en el hecho de que las tres fueron inscritas a la vez en su catálogo de obras en el verano de 1788, aunque hay serias dudas de que fuesen escritas a la vez -en el plazo de seis semanas, según algún experto-, aunque podría ser que, comenzadas en distintos años, acabase su composición en la misma época. El sobrenombre de Júpiter que ostenta esta pieza es posterior a Mozart y data de la primera mitad del siglo XIX. Parece ser que la bautizó de esta manera el violinista y director de orquesta británico Johann Peter Salomon por la apertura pomposa y marcial del primer movimiento, que sugería al oído una suerte de grandeza divina .
Por su parte, la sinfonía nº 104 Londres de Franz Joseph Haydn es la última de una serie de doce sinfonías que compuso durante su estancia en Inglaterra y que llevan el nombre de Sinfonías de Londres. El que ésta precisamente haya sido bautizada con el topónimo de la capital británica resulta un poco arbitrario a simple vista, pues cualquiera de las otras once fueron compuestas allí y merecen con justicia compartir el apelativo. Como curiosidad, en Alemania es conocida como la Sinfonía Salomon, dado que el antes citado Johann Peter Salomon fue quien organizó las dos visitas que realizó Haydn a Londres. La 104 fue estrenada en el King´s Theatre el 4 de mayo de 1795 cosechando un éxito apoteósico, hasta el punto de que Haydn escribió en su diario: «Toda la compañía quedó muy satisfecha y yo también. He ganado 4.000 florines esta noche: algo así solo es posible en Inglaterra».
Para la grabación de este volumen de la serie Imprinting, los miembros de la Accademia Bizantina se recluyeron en el Teatro Dimora, en el pueblo de Modaino, en pleno marco rural de la campiña romañesa; se trata de un método frecuente que utiliza el ensemble para trabajar colectivamente los textos musicales de las nuevas producciones.
Este disco es un brillante ejemplo del mejor momento de la grandeza creativa de estos dos genios, que heredaron el género de la sinfonía de las postrimerías del Barroco, para impulsarlo hasta dejarlo listo para comenzar su época de mayor esplendor a partir de la era romántica. Desde la perspectiva de nuestro momento, actuaron como una bisagra imprescindible entre las viejas formas y las nuevas que llegarían con el cambio de siglo.
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