Francisco Reynés: " Ante el trilema energético Europa tiene que descarbonizarse sin saltarse los biocombustibles y el Biogas"
El presidente de Naturgy y la directora de Política Energética de la UE, Cristina Lobillo, coinciden en el Congreso CEDE en que Europa no puede cambiar la dependencia del gas ruso por la de los minerales chinos.
La transición energética europea se enfrenta a un baño de realidad. Bajo la premisa de que "desgraciadamente en este mundo nada es gratis", Francisco Reynés, presidente ejecutivo de Naturgy, ha marcado el tono del debate energético en el XXIV Congreso de Directivos CEDE. Durante su intervención, compartida con Cristina Lobillo, directora de Política Energética de la Comisión Europea, Reynés ha defendido que la seguridad de suministro debe ser la prioridad innegociable, aunque ello implique asumir costes y mantener tecnologías como el gas y la nuclear en el mix energético. De hecho ha afirmado que "Europa no puede saltarse los pasos intermedios de descarbonización que pasan por los Biocombustibles y el Biogas".
El directivo ha alertado de que no se puede pasar "de 100 al 0 sin fases intermedias". Para Reynés, la hoja de ruta hacia la descarbonización debe ser compatible con la competitividad de las empresas y la asequibilidad energética para las familias. "Esto no va de renovables sí o no, sino de descarbonizar paulatinamente", afirmó, recordando que tecnologías base como el uranio o los ciclos combinados de gas son indispensables hoy para garantizar la estabilidad del sistema cuando las renovables no producen.
El "trilema" energético y la factura "cajón de sastre"
El debate ha girado en torno al denominado "trilema energético": conseguir una energía que sea al mismo tiempo abundante, sostenible y asequible. Reynés ha sido crítico con la estructura de costes en Europa, lamentando que la factura de la luz se haya convertido históricamente en un "cajón desastre" donde se cargan decisiones políticas que deberían financiarse vía Presupuestos Generales, y no a través del recibo del consumidor.
Esta sobrecarga regulatoria tiene consecuencias directas: "El precio de la electricidad en Europa es dos y tres veces superior al de Estados Unidos y China", advirtió el presidente de Naturgy. Una brecha que amenaza la industria continental frente a competidores que operan con costes mucho más bajos.
Europa, entre la abundancia de EE.UU y el dominio chino
Tanto Reynés como Lobillo han analizado la asimetría global en la transición. Mientras Europa se centra en la regulación y la descarbonización, Estados Unidos apuesta por la "abundancia" y el dominio exportador de fósiles, y China lidera de forma aplastante las renovables con 900 GW instalados, el doble que Europa y América juntas.
Reynés apuntó una paradoja incómoda: mientras la UE y EE. UU. reducen sus emisiones de CO2, a nivel mundial estas siguen aumentando debido al crecimiento poblacional y la demanda en países en desarrollo. "España está a la cabeza de generación de renovables, pero en el mundo estas no llegan ni al 15% del consumo", recordó.
De la dependencia rusa a la trampa de los minerales
Por su parte, Cristina Lobillo ha delineado la estrategia de Bruselas: un objetivo de electrificación del 80% para 2050, complementado con gases descarbonizados como el hidrógeno. La Comisión defiende la "neutralidad tecnológica", permitiendo que cada país decida su mix (incluyendo la nuclear), pero con la mirada puesta en la diversificación para no repetir errores del pasado.
"Europa ha aprendido la dramaticidad de depender del gas ruso", admitió Lobillo, señalando que ahora se busca gas en EE.UU., Noruega, Argelia o Nigeria. Sin embargo, alertó sobre una nueva amenaza estratégica: los minerales críticos.
La transición digital y verde requiere unos 20 minerales esenciales, y actualmente China controla el refinado del 70% al 90% de ellos. "No podemos quitarnos la dependencia de un suministrador para entrar en otra", sentenció Lobillo. Para evitarlo, Bruselas presentará en diciembre una nueva estrategia enfocada en acuerdos con países productores y el fomento del refinado dentro de la UE, un paso clave para evitar que la transición energética se convierta en una nueva trampa geopolítica.
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