El pulso del campo catalán se endurece frente al pacto UE-Mercosur y mantiene bloqueos clave

Un conflicto agrario de alcance europeo toma forma en Catalunya cuando el sector productor rechaza un tratado comercial que considera lesivo y decide prolongar cortes viarios mientras reclama interlocución política efectiva.

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Varias personas cortan la carretera durante una protesta, a 8 de enero de 2026, en Pontós, Girona, Catalunya (España).
Varias personas cortan la carretera durante una protesta, a 8 de enero de 2026, en Pontós, Girona, Catalunya (España). - Glòria Sánchez - Europa Press

 

La escena se instala desde primera hora en distintos puntos del territorio, con tractores detenidos, carreteras interrumpidas y un mensaje unificado que conecta economía local, competencia internacional y supervivencia del modelo agrícola vigente.

 

La protesta se consolida sobre el asfalto

Las movilizaciones impulsadas por agricultores catalanes continúan activas y sin calendario inmediato de desconvocatoria. Desde el jueves, el colectivo mantiene bloqueos en varias vías estratégicas con la voluntad expresa de sostener la presión, como mínimo, hasta el domingo.

El portavoz del movimiento, Eduard Escolà, explica que no ha llegado ninguna respuesta por parte del conseller de Agricultura, Ganadería y Pesca, Òscar Ordeig, a la propuesta de trasladar de forma conjunta al Ministerio de Agricultura la oposición del sector al acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur. “Parece que la propuesta que le hicimos no se la ha trabajado demasiado bien”, afirma, antes de insistir en que el tratado no resulta favorable para el campo catalán.

Actualmente permanecen cortadas la AP-7 entre Borrassà y Vilademuls, la A-2 en Bell-lloc d’Urgell y Mollerussa, la C-16 entre Casserres y Berga, así como la T-11 y la A-27 en los accesos al Port de Tarragona.

 

Un rechazo que va más allá de los cortes

El desacuerdo no se limita a la protesta visible. El sector denuncia un modelo comercial que, a su juicio, sacrifica la producción local en favor de grandes intereses económicos. “Esperamos que entienda que la voluntad del sector primario es que no queremos ver este tratado ni en pintura”, traslada Escolà al conseller.

Las críticas se apoyan en el temor a una competencia considerada desleal, derivada de las diferencias regulatorias entre la UE y los países del Mercosur, especialmente en materia ambiental, sanitaria y de costes laborales.

 

El peso del agro en la relación con Mercosur

Los datos refuerzan la inquietud. Según el informe Impactes econòmics de l’acord UE-Mercosur a Catalunya, elaborado por Acció a finales de 2024, Catalunya se sitúa como la segunda comunidad autónoma que más importa de Mercosur, con el 20,8 % del total español, solo por detrás de Andalucía.

Las importaciones procedentes de esta región han crecido un 58 % entre 2020 y 2023 y se concentran mayoritariamente en productos agrícolas como habas, frutas, aceites, arroz o carne, hasta representar el 70 % del total importado. El documento advierte de que la reducción arancelaria prevista intensifica la competencia y puede perjudicar a cultivos que Catalunya también exporta dentro de la UE, como el arroz o el vino.

 

La voz del arroz del Delta de l’Ebre

Rafel Verdiell, arrocero con cien hectáreas en el Delta de l’Ebre, expresa su preocupación por la asimetría normativa. “Nos toman el pelo: se aprovechan de ellos porque son mano de obra barata y arruinan a los agricultores europeos. Este acuerdo nos afectará muy negativamente, no podemos competir contra esos países”, alerta.

El productor señala que permitir la entrada de alimentos que no cumplen los estándares europeos supone trasladar el coste de la sostenibilidad exclusivamente al agricultor comunitario.

 

Grandes distribuidoras en el centro del debate

Desde Unió de Pagesos, el responsable del arroz, Josep Antoni Vidal, comparte ese diagnóstico y apunta directamente a los beneficiarios reales del pacto. “Solo se beneficiarán grandes inversores”, sostiene.

Vidal recuerda la iniciativa europea Todo excepto armas, pensada para favorecer a países empobrecidos, y pone el ejemplo de Birmania. “Esta gente hoy continúa igual de pobre. En estos acuerdos no se beneficia la población local, sino las grandes distribuidoras”, afirma, subrayando que la lógica comercial no se traduce en desarrollo social.

 

La carne y el porcino ante un nuevo escenario

El informe de Acció también señala riesgos para el sector cárnico. La entrada de carne bovina y avícola, así como de aceite de soja, puede actuar como sustitutivo de la carne de cerdo y del aceite de oliva catalán.

Rossend Saltiveri, ganadero de Ivars d’Urgell, alerta de las diferencias sanitarias y técnicas. “Si quieren introducir producción en Europa, debería ser con las mismas condiciones que tenemos nosotros”, reclama, recordando las exigencias en bienestar animal y fitosanitarios. Aunque reconoce que el porcino no afronta una amenaza tan inmediata como otros sectores, advierte del potencial exportador de Brasil y de sus menores costes de producción.

 

Europa aprueba, el campo se moviliza

Las protestas nacen en Catalunya pero se extienden a otros países como Francia, Alemania o Grecia. Aun así, el conjunto de Estados miembro da luz verde al acuerdo mediante mayoría cualificada. Francia, Hungría, Polonia, Austria e Irlanda votan en contra; Bélgica se abstiene; España se posiciona como uno de los principales defensores.

El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, sostiene que “es un grave error ver Mercosur como una amenaza, porque es una gran oportunidad, pero también para el sector agroalimentario”.

 

La posición del Govern

Desde el Govern, Òscar Ordeig pide “reglas claras” y asegura que el sector primario catalán puede ser competitivo si existe igualdad de oportunidades. Defiende que no se importen productos que no cumplan los mismos controles que los europeos y solicita una solución pactada para levantar los bloqueos, advirtiendo del “perjuicio económico muy grande” que pueden generar los cortes, especialmente en el Port de Tarragona.

La negociación permanece abierta, pero sobre el terreno el conflicto sigue visible, con un campo decidido a mantener la presión mientras no perciba garantías claras sobre su futuro.

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