Catalunya vincula el 56% de los nuevos empleos a trabajadores extranjeros desde antes de la pandemia

Un estudio de la ocupación y de la riqueza regional revela una dependencia estructural de los flujos demográficos externos

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Archivo - Una camarera sostiene una bandeja en la plaza Real de Barcelona.
Una camarera sostiene una bandeja en la plaza Real de Barcelona. David Zorrakino - Europa Press - Archivo

 

La lectura conjunta de estadísticas oficiales y de valoraciones académicas permite entender un cambio estructural que va más allá de una simple suma de puestos ocupados.

El mercado laboral catalán muestra hoy una fisonomía distinta a la de hace una década, con un peso creciente de trabajadores procedentes de otros países y con un impacto directo sobre la evolución del producto interior bruto.

 

Un ciclo expansivo antes y después de la pandemia

Desde los meses previos al estallido del Covid, la economía catalana mantiene una trayectoria de expansión apoyada en la generación de ocupación. Según los datos de la Encuesta de Población Activa, casi medio millón de puestos se han añadido desde 2019 hasta el tercer trimestre de 2025, el último con información disponible del Instituto Nacional de Estadística. Dentro de este incremento total, más de la mitad corresponde a personas con nacionalidad extranjera, que han asumido un papel central en la cobertura de las nuevas vacantes.

En términos absolutos, cerca de 265.000 trabajadores extranjeros se han incorporado al mercado laboral catalán durante este periodo, lo que representa aproximadamente el 56% del total de 472.000 ocupaciones creadas. Esta proporción sitúa a Catalunya como uno de los territorios donde la aportación migratoria resulta más determinante para sostener el dinamismo económico.

 

El vínculo directo con el crecimiento del PIB

El profesor de Economía de la Universitat Oberta de Catalunya, Josep Lladós, explica que el modelo productivo dominante se caracteriza por una elevada intensidad en el uso de la fuerza de trabajo frente a la productividad. Esta configuración provoca que el crecimiento económico dependa de manera muy estrecha del aumento del empleo. En este contexto, el académico subraya que “hasta un 50% del crecimiento del PIB en Catalunya podría estar vinculado a la llegada de personas extranjeras”, una estimación que refuerza la idea de dependencia estructural.

Esta relación entre ocupación y valor añadido no es exclusiva del ámbito catalán, pero adquiere especial relevancia en un territorio donde la demanda de mano de obra continúa creciendo de forma sostenida en múltiples sectores.

 

Sectores tractores y segmentación del mercado

Para el subdirector del Centre d’Estudis Demogràfics, Andreu Domingo, la incorporación de población migrante se concentra especialmente en actividades de menor cualificación, lo que configura un mercado laboral cada vez más segmentado. Aun así, este fenómeno no reduce la importancia de su contribución. En el caso catalán, la presencia de trabajadores extranjeros resulta especialmente visible en sectores considerados estratégicos para la economía, como el turismo, la agricultura o la industria cárnica.

Domingo defiende que “el modelo de crecimiento económico está basado en la aportación continua de migrantes”, una realidad que se extiende al conjunto de las economías europeas y que responde a necesidades estructurales más que coyunturales.

 

Un modelo productivo con dos velocidades

Lladós describe la coexistencia de fuerzas aparentemente contrapuestas. Por un lado, persisten ramas intensivas en trabajo, como la industria manufacturera o el sector primario; por otro, ganan peso actividades de mayor valor añadido vinculadas a los servicios, la tecnología o el turismo. Esta combinación explica que la tasa de ocupación en Catalunya se sitúe cuatro puntos por encima de la media estatal y refuerza su posición dentro del conjunto de España.

La diversidad sectorial actúa como amortiguador frente a crisis cíclicas, pero también incrementa la demanda de perfiles laborales muy distintos, una circunstancia que la migración ayuda a cubrir.

 

La evolución del peso extranjero en la ocupación

A cierre del tercer trimestre de 2025, cerca de cuatro millones de personas trabajan en Catalunya. De ese total, alrededor de 803.600 tienen nacionalidad extranjera, lo que equivale al 20,3% de los ocupados, es decir, uno de cada cinco trabajadores. Este colectivo crece a un ritmo del 4,69% interanual, muy por encima del 1,73% registrado entre las personas con nacionalidad española, que suman algo más de 3,1 millones.

La tendencia no es reciente. Hace una década, en el tercer trimestre de 2015, las personas extranjeras representaban aproximadamente el 12% del empleo total. Desde entonces, su peso aumenta de manera progresiva, reflejando un cambio profundo en la composición de la fuerza laboral catalana.

 

Productividad, digitalización y nuevos perfiles

Junto a la creación de empleo, la productividad emerge como el otro gran motor del modelo económico. Tras varios años de desaceleración, este indicador recupera impulso gracias a la digitalización y a la reconversión de puestos en sectores como las telecomunicaciones o la energía. Según Lladós, este proceso estimula la inversión empresarial y genera una demanda creciente de trabajadores más cualificados y con mayor intensidad productiva.

El avance tecnológico no elimina la necesidad de mano de obra, pero sí redefine sus características y eleva la importancia de la formación y de la adaptación continua.

 

Demografía y relevo generacional

El envejecimiento progresivo de la población en la Unión Europea introduce un desafío adicional. La salida futura de una parte significativa de los trabajadores actuales, combinada con la caída de la natalidad, plantea un escenario de difícil sustitución. Para Lladós, resulta complicado imaginar que este relevo pueda afrontarse sin la llegada de nuevos flujos migratorios que garanticen la continuidad de la actividad económica y de los sistemas de protección social.

 

El peso creciente de la migración no comunitaria

Dentro del conjunto de personas extranjeras ocupadas en Catalunya, la mayoría procede de países situados fuera de la Unión Europea. En cifras actuales, unas 619.000 personas pertenecen a este grupo, frente a unas 184.600 con nacionalidad de alguno de los Veintisiete. Hace diez años, la diferencia era sensiblemente menor, lo que evidencia un cambio relevante en el origen de la mano de obra.

Según Andreu Domingo, esta evolución contrasta con los planteamientos iniciales de la UE, que apostaban por la libre movilidad interna para cubrir puestos de menor cualificación. Sin embargo, el mercado termina demandando perfiles extracomunitarios, “que son los que necesita”, pese a que los marcos normativos hayan dificultado su entrada.

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