El área metropolitana de Barcelona impulsa un plan para limitar la expansión urbana y recuperar suelo agrario
El nuevo Plan Urbanístico Metropolitano del área metropolitana de Barcelona plantea proteger terrenos fértiles y revertir parte de la expansión urbana para garantizar más de la mitad del territorio como no urbanizable
La transformación del modelo territorial en el entorno de Barcelona entra en una fase decisiva con la tramitación de un plan metropolitano que pretende reequilibrar la relación entre ciudad, naturaleza y producción alimentaria. El debate sobre el uso del suelo se intensifica en un contexto marcado por décadas de expansión urbana, pérdida de actividad agraria y presión sobre los espacios periurbanos.
El retroceso del campo en el entorno urbano de Catalunya
El área metropolitana de Barcelona acumula una pérdida superior al 70% de superficie agrícola en las últimas décadas, un proceso que ha afectado de forma directa a la agricultura periurbana, es decir, la que se desarrolla en los márgenes inmediatos de las ciudades.
Un estudio del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona señala que este modelo productivo se encuentra en situación crítica. El informe identifica el periodo entre 2003 y 2008 como el momento de mayor destrucción de suelo agrícola, coincidiendo con el auge inmobiliario, mientras que en la última década el ritmo de transformación se estabiliza sin revertirse.
Presión urbanística y abandono de los cultivos
El avance de infraestructuras, la expansión de áreas residenciales y la transformación del territorio han reducido de forma progresiva el espacio dedicado a la agricultura en zonas como el Baix Llobregat, la serra de Collserola o la serralada de Marina.
El investigador del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona Johannes Langemeyer apunta a la combinación de presión urbanística y falta de rentabilidad como factores clave del abandono agrario. En las zonas de montaña, añade, muchos cultivos desaparecen y los terrenos pasan a convertirse en masas forestales.
Este proceso tiene efectos directos sobre la dependencia alimentaria. Langemeyer advierte de que la pérdida de suelo fértil incrementa la necesidad de importaciones a diferentes escalas y plantea un debate estructural sobre el nivel de autosuficiencia que la sociedad está dispuesta a asumir.
El debate sobre la autosuficiencia alimentaria, hídrica y energética
Desde el ámbito de la planificación territorial, el director del servei d’Espais Naturals de l’Àrea de Polítiques Urbanístiques de l’Àrea Metropolitana de Barcelona, Ferran Miralles, comparte el diagnóstico y sitúa el foco en la necesidad de priorizar recursos estratégicos.
Según su planteamiento, alimentos, agua y energía deben ser ejes centrales de cualquier política territorial. En este sentido, defiende que los suelos más fértiles deben quedar protegidos frente a otros usos urbanos y que la urbanización debería concentrarse en terrenos de menor valor agrario.
Un nuevo planeamiento para reordenar el territorio
En este contexto, el Àrea Metropolitana de Barcelona tramita el Pla Director Urbanístic Metropolità, actualmente en fase de segunda información pública y con previsión de aprobación en 2027. El documento busca redefinir el modelo de crecimiento urbano de Catalunya.
El plan incorpora medidas para proteger espacios naturales y agrícolas, así como la posibilidad de revertir algunos desarrollos urbanísticos previstos con el objetivo de recuperar suelo no urbanizable. Según la planificación, el 51% del territorio metropolitano pasaría a estar protegido frente a la urbanización.
El proyecto también apuesta por recuperar el denominado mosaico agroforestal en zonas de pendiente, una combinación de campos y bosques que, según los expertos, ayuda a reducir el riesgo de incendios y favorece la biodiversidad.
Iniciativas agrícolas en entornos metropolitanos
El estudio de la Universitat Autònoma de Barcelona destaca experiencias como el Parc Agrari del Baix Llobregat, donde la protección del suelo ha permitido mantener la actividad agrícola en un entorno de alta presión urbana.
También se citan proyectos como la cooperativa L’Olivera, que impulsa la recuperación del cultivo de olivo en Collserola, o La Ponderosa, un espacio agrario de seis hectáreas situado en el distrito de Nou Barris de Barcelona, que ejemplifican nuevas formas de producción en plena ciudad.
El conjunto de estas iniciativas refleja una tendencia creciente hacia la reactivación del sector agrario periurbano como pieza clave del equilibrio territorial.
Un modelo urbano en revisión permanente
El debate sobre el uso del suelo en Catalunya se sitúa así en el centro de la planificación metropolitana, con una tensión creciente entre expansión urbana, sostenibilidad ambiental y soberanía alimentaria.
El nuevo marco urbanístico plantea un cambio de paradigma en el que la preservación del suelo fértil deja de ser un elemento secundario para convertirse en una prioridad estructural del desarrollo metropolitano.
Escribe tu comentario