La mutilación genital femenina, reconocida como tortura en Sierra Leona

La Corte de Justicia de África Occidental ha establecido que la mutilación genital femenina constituye tortura y obliga a Sierra Leona a prohibirla. La decisión abre un pulso entre el presidente y el Parlamento.

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Cuchill
Una cuchilla como las que se usan para mutilar los genitales de las niñas- Fotografía de Ivan Lieman

 

Una historia de supervivencia que llegó a los tribunales

Hace casi diez años, Kadijatu Allieu fue atacada cuando acudió a la casa de una vecina. Un grupo de mujeres la sujetó con violencia: le ataron las manos, le cubrieron los ojos y la amordazaron. Después, mutilaron sus genitales con una cuchilla de afeitar. La dejaron abandonada, desangrándose en el suelo, donde permaneció tres días hasta lograr escapar.

El valor de Allieu para denunciar lo sucedido impulsó un proceso judicial sin precedentes en el continente africano.

 

El veredicto de la Corte de Justicia de África Occidental

El tribunal regional ha emitido un fallo histórico: “la mutilación genital femenina constituye una forma de tortura”. Con esta declaración, Sierra Leona está obligada a adoptar medidas legales para prohibir la práctica.

La sentencia no solo ampara a la demandante, sino que sienta un precedente jurídico y político de gran calado en África Occidental.

 

Presidente a favor, Parlamento en contra

El futuro de la prohibición depende ahora del rumbo que tome el gobierno. El presidente Julius Maada Bio se ha mostrado partidario de penalizar la mutilación genital femenina, mientras que el Parlamento mantiene su rechazo.

La confrontación entre ambas instituciones sitúa al país ante un momento clave de su historia política y social.

 

Movilización social e internacional

Supervivientes, activistas y organizaciones internacionales ya han anunciado que redoblarán los esfuerzos para lograr la criminalización de la práctica. La estrategia incluye entregar una petición al presidente Bio junto a líderes juveniles, además de campañas en prensa, redes sociales y vallas publicitarias.

El precedente de Gambia refuerza la esperanza: allí, la presión social logró frenar un intento de despenalizar la mutilación genital femenina. Ahora, la mirada está puesta en Sierra Leona, donde miles de niñas y mujeres esperan que la justicia se traduzca en cambios reales.

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