Problema inesperado en EEUU: su portaaviones más avanzado podría colapsar por las heces de sus soldados
Destapan cómo los problemas de saneamiento y mantenimiento están minando a la Marina de EE UU
La Marina de Estados Unidos sigue siendo, sobre el papel, la fuerza naval más poderosa del planeta. Lidera en tonelaje, despliegue global y tecnología militar. Sin embargo, bajo esa imagen de supremacía se esconde una realidad mucho menos épica: problemas básicos de mantenimiento que se repiten, se acumulan y empiezan a afectar a la disponibilidad real de sus buques.
Tal y como ha analizado Xataka, el ejemplo más llamativo es el del USS Gerald R. Ford, el portaaviones nuclear más moderno y caro jamás construido. Un gigante diseñado para dominar los océanos que, desde hace más de cinco años, arrastra un enemigo imposible de disuadir con misiles: su propio sistema de saneamiento.
Un coloso tecnológico atrapado por un fallo elemental
El Ford incorpora un complejo sistema de vacío para la gestión de residuos. En teoría, debía ser más eficiente que los sistemas tradicionales. En la práctica, se ha convertido en una fuente constante de averías, con atascos recurrentes que durante su despliegue de 2023 llegaron a ser casi diarios.
El resultado es demoledor para la vida a bordo: baños inutilizados, circuitos colapsados y horas de trabajo dedicadas a reparaciones en un buque pensado para operar durante semanas sin tocar puerto. En una “ciudad flotante” con más de 4.000 personas, el saneamiento no es un detalle, es infraestructura crítica.
Un error repetido y una lección no aprendida
Lo más preocupante es que no se trata de un fallo nuevo. El USS George H. W. Bush, último de la clase Nimitz, ya sufrió una crisis similar hace más de una década, cuando centenares de inodoros quedaron fuera de servicio al mismo tiempo. Aquello degradó gravemente las condiciones de vida de la tripulación. Aun así, el problema se reprodujo en el buque llamado a simbolizar la modernización naval.
Informes oficiales apuntan incluso a un diseño infradimensionado para una tripulación tan numerosa, desplazando el foco del mal uso al fallo de ingeniería.
El alto precio de algo tan básico como “tirar de la cadena”
La solución provisional pasa por lavados periódicos con ácido, operaciones carísimas que pueden superar los 400.000 dólares cada vez y que solo se pueden realizar en instalaciones especializadas. Esto ata al portaaviones a ventanas de mantenimiento y rompe el ideal de autonomía total que justifica un superportaaviones nuclear.
No solo baños: también óxido
El problema no acaba ahí. Durante años, la Armada ha postergado la lucha contra la corrosión en destructores y otros buques, hasta que imágenes de barcos cubiertos de óxido convirtieron el asunto en un escándalo interno. La ironía es que muchas soluciones son simples: mejores pinturas, drenajes más eficaces y mantenimiento preventivo real, no cosmético.
La lección que deja esta crisis
La conclusión es incómoda para el mito del poder militar: la tecnología más avanzada no compensa una base logística frágil. Un portaaviones puede tener catapultas electromagnéticas y reactores nucleares, pero si falla algo tan elemental como el saneamiento, se degrada la vida a bordo y se resiente la capacidad operativa.
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