Una alcaldesa de Groenlandia planta cara a Trump: no obtendrán "ni un gramo" de materias primas
Kujalleq, un municipio de apenas 6.000 habitantes y clave por sus tierras raras, se convierte en el epicentro de una batalla geopolítica inesperada
Malene Vahl Rasmussen, alcaldesa de Kujalleq, el municipio con menor extensión de toda Groenlandia, ha pasado en pocas horas del anonimato a situarse en el centro del debate internacional. Su localidad, con poco más de 6.000 habitantes, es también el territorio que concentra mayor riqueza en minerales estratégicos y tierras raras de toda la isla.
La alarma saltó después de que Donald Trump manifestara su deseo de tener “acceso ilimitado” a Groenlandia. Aunque el secretario general de la OTAN aseguró no haber tratado este asunto con el expresidente estadounidense, Rasmussen no se fía. Y ha decidido responder con una carta abierta dirigida al que considera “el dirigente más poderoso del mundo”.
“Groenlandia no se vende”
En el texto, la alcaldesa es tajante: el subsuelo groenlandés no está en venta, ni puede ser objeto de presiones políticas o discursos despectivos. Advierte de que cuando se pierde el respeto, también se pierde la confianza, y sin ella no habrá acceso a las materias primas, “ni siquiera a un solo gramo”.
Rasmussen subraya que la tierra y la población de Groenlandia no son piezas de un tablero de ajedrez geopolítico, y reconoce que en su municipio crece la inquietud. De hecho, el propio Gobierno groenlandés ha empezado a distribuir kits de emergencia para que la población pueda sobrevivir varios días sin ayuda exterior en caso de crisis nacional.
Un marco legal que blinda el subsuelo
La alcaldesa recuerda que Groenlandia cuenta con una de las legislaciones más estrictas del Ártico en materia de recursos naturales, y que las autoridades locales están preparadas para hacerla cumplir “independientemente del tamaño o poder del país interesado”.
Desde 2009, cuando la isla alcanzó su actual estatus de autonomía, se aprobaron una Ley de Recursos Minerales y una Ley de Medio Ambiente que regulan con dureza la actividad extractiva. Entre otras limitaciones, se prohíbe la explotación de uranio y materiales radiactivos, y todas las licencias dependen exclusivamente del Gobierno groenlandés.
Rasmussen concluye con un mensaje claro: ni las promesas de empleo ni los beneficios económicos justificarán saltarse la ley ni la voluntad del pueblo. En Groenlandia, insiste, no se extraerá ni un solo gramo de mineral sin orden, respeto y responsabilidad.
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