¿Golpe de estado en marcha? Trump pide que los republicanos nacionalicen la votación

El presidente pide “nacionalizar la votación”, presiona a los estados y refuerza el miedo a una manipulación electoral a gran escala

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Donald Trump - EUROPA PRESS

 

Donald Trump ha vuelto a encender todas las alarmas democráticas en Estados Unidos. El presidente pidió abiertamente a los republicanos “nacionalizar la votación” y “tomar el control” del proceso electoral en al menos 15 estados, una declaración sin precedentes que profundiza en su estrategia para cuestionar, condicionar y eventualmente alterar el sistema electoral estadounidense de cara a las elecciones de mitad de mandato.

En una entrevista en un podcast conducido por Dan Bongino, exsubdirector del FBI y figura del trumpismo mediático, Trump instó a su partido a intervenir directamente en la gestión de las elecciones, pese a que la Constitución estadounidense reserva esta competencia a los estados y a las autoridades locales.

Las palabras del presidente llegan apenas unos días después de que el FBI allanara una oficina electoral en el condado de Fulton (Georgia), uno de los principales focos de las teorías conspirativas de Trump sobre el supuesto fraude que, sin pruebas, sigue atribuyendo a su derrota frente a Joe Biden en 2020. Según diversas informaciones, el propio Trump habría impulsado la operación y participado indirectamente en ella a través de la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, quien incluso le puso en contacto telefónico con agentes implicados en el registro.

“Tenemos estados muy corruptos que cuentan los votos”, volvió a insistir Trump, reiterando afirmaciones falsas y desacreditadas por tribunales y organismos electorales. El presidente llegó a insinuar que los registros incautados en Georgia ofrecerán “resultados interesantes”, alimentando una narrativa que mina la confianza pública en el sistema democrático.

Una ofensiva sostenida contra el sistema electoral

Lejos de tratarse de un episodio aislado, estas declaraciones se suman a una ofensiva sostenida de Trump para reformar las reglas electorales a su conveniencia. El año pasado firmó una orden ejecutiva —parcialmente bloqueada por los tribunales— para exigir pruebas de ciudadanía al registrarse para votar y para impedir que se contabilicen votos por correo recibidos después del día electoral, pese a que el voto por correo ha sido históricamente legal y seguro en numerosos estados.

Trump también ha promovido la eliminación del voto por correo y de las máquinas de votación, ha alentado una redistribución de distritos electorales a mitad de década para favorecer a los republicanos y ha respaldado demandas del Departamento de Justicia para acceder a registros electorales completos de decenas de estados, incluyendo datos personales sensibles de millones de votantes.

Ante este escenario, funcionarios electorales demócratas ya se preparan para una posible injerencia federal. El secretario de Estado de Minnesota, Steve Simon, ha reconocido que se están estudiando medidas excepcionales para proteger a los votantes y la integridad del proceso electoral. “Es triste, pero sería irresponsable no planificar ante esta posibilidad”, admitió.

Las advertencias son claras: el discurso y las acciones de Trump apuntan a un intento sistemático de erosionar los contrapesos democráticos y concentrar el control electoral, una deriva que para muchos expertos se acerca peligrosamente a los manuales de los regímenes autoritarios.

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