Trump se apodera de Venezuela y bloquea Ormuz: el plan para forrarse vendiendo petróleo

El control del crudo venezolano y el cierre del Golfo disparan las petroleras de EE.UU. y redibujan el mercado energético mundial

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Donald Trump, petróleo   CANVA
Donald Trump, petróleo - CANVA

 

Para entender por qué empieza una guerra, normalmente hay que seguir el rastro del dinero. Este análisis parte de esa premisa: tras la intervención de Estados Unidos en Venezuela y el bloqueo efectivo del Estrecho de Ormuz en el marco de la ofensiva contra Irán, el tablero energético mundial ha cambiado de forma radical.

Durante años, el crudo venezolano —pesado, más costoso de refinar y de menor calidad comercial frente al del Golfo Pérsico— tenía difícil competir con el petróleo ligero de Oriente Medio. Pero con el cierre de facto de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo transportado por mar, el suministro del Golfo queda bloqueado o severamente limitado. Y ahí aparece la oportunidad.

Con menos crudo disponible desde la región, el petróleo venezolano bajo control estadounidense encuentra espacio en el mercado internacional sin necesidad de competir en igualdad de condiciones.

Las petroleras se disparan en bolsa

Los movimientos bursátiles acompañan el giro geopolítico. El 27 de febrero, un día antes del ataque que lo cambió todo, las acciones de Chevron cotizaban en 185,74 dólares. El 2 de marzo cerraron por encima de los 190 dólares, un nivel no visto en los últimos cinco años.

En paralelo, Exxon Mobil pasó de 151 dólares el 27 de febrero a 159,50 dólares el 2 de marzo, también marcando su mejor registro bursátil en un lustro.

El mercado energético reaccionó de inmediato a la escalada militar que involucra a Irán y a Israel. El cierre práctico del Estrecho de Ormuz tensiona precios y reconfigura flujos comerciales.

Indonesia gira hacia Washington

Las consecuencias ya se reflejan en Asia. Indonesia ha anunciado que aumentará sus importaciones de crudo estadounidense para sustituir parte del suministro procedente de Oriente Medio.

El ministro de Energía, Bahlil Lahadalia, confirmó que una cuarta parte del crudo importado por el país proviene de esa región, junto con el 30% de su gas licuado de petróleo. “El escenario actual es que el crudo que importamos de Medio Oriente lo redireccionaremos a Estados Unidos, para que haya certeza de disponibilidad”, afirmó.

Dos buques de la energética estatal Pertamina permanecen en la zona del estrecho, aunque la compañía aseguró que están a salvo y que prioriza la seguridad de sus tripulaciones.

Exportaciones venezolanas al alza

Según datos publicados por Bloomberg, citando informes de envío y a la firma de inteligencia marítima Kpler Ltd., Venezuela duplicó sus exportaciones en febrero hasta alcanzar unos 788.000 barriles diarios, frente a los 383.000 de enero.

El incremento se produce tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses y el control efectivo por parte de Washington de las ventas de crudo venezolano.

Estados Unidos recurrió a las comercializadoras internacionales Trafigura y Vitol Group para colocar hasta 50 millones de barriles de petróleo venezolano. Desde enero, ambas han movilizado al menos 35 millones de barriles —incluyendo crudo, fueloil y asfalto—, alrededor del 70% del volumen cedido.

Parte del crudo se ha almacenado en el Caribe y en Estados Unidos, mientras que China, tradicional comprador clave, no ha realizado adquisiciones desde el cambio de control político en Caracas.

Un movimiento estratégico

El crudo pesado venezolano no sustituye directamente al petróleo ligero de Oriente Medio, pero puede mezclarse con otras variedades para crear sustitutos funcionales. Además, la recuperación del acceso a diluyentes —cinco cargamentos recibidos en febrero frente a dos en enero— ha facilitado el aumento de la producción.

El resultado, según este análisis, dibuja una jugada clara: bloquear el Golfo, tensionar el mercado, elevar precios y abrir espacio comercial al petróleo venezolano bajo control estadounidense. En un contexto donde la energía define equilibrios globales, el negocio del crudo vuelve a situarse en el centro de la geopolítica mundial.

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