¿Una guerra justa contra el terrorismo global? La realidad sobre Irán y los ataques en Europa
Mientras Estados Unidos e Israel lanzan ataques sobre Irán, la derecha y otras voces defienden esta guerra como lucha contra el terrorismo global, pero los hechos muestran que los atentados en Europa desde el 11-S han sido cometidos por suníes, no chiíes
La guerra abierta entre Estados Unidos e Irán, iniciada a finales de febrero de 2026 con ataques coordinados sobre objetivos estratégicos iraníes, ha abierto un intenso debate político en Europa. Sectores de la derecha europea, junto con algunas voces conservadoras y de seguridad internacional, presentan el conflicto como una guerra justa contra el terrorismo global, y sugieren que Europa debería decidir si se une a la ofensiva o la respalda diplomáticamente.
Sin embargo, un análisis histórico y geopolítico muestra una realidad mucho más compleja: Irán no ha participado en ataques directos contra países europeos. Sus redes terroristas, a través de grupos como Hezbollà, han actuado principalmente en su zona de influencia: Oriente Medio.
Chiíes e iraníes: enemigos regionales, no europeos
Irán es la principal potencia chií del mundo musulmán. Sus grupos armados han llevado a cabo atentados en su territorio y en países vecinos, especialmente en contextos de conflicto regional. Pero no hay constancia de que grupos chiíes hayan perpetrado atentados en Europa desde que el mundo se redefinió con el 11-S.
Esto contrasta con los ataques más graves en suelo europeo durante las últimas dos décadas: Madrid (11-M, 2004), Londres (7-J, 2005), París (2015), Bruselas (2016), Niza (2016) o Barcelona (2017=. Todos ellos fueron obra de grupos yihadistas sunitas, vinculados o inspirados por Al Qaeda y Estado Islámico, que consideran a los chiíes, y particularmente a Irán, enemigos prioritarios.
El islam sunita y sus promotores
El islam sunita es mayoritario en el mundo musulmán y cuenta con varios países que lo promueven activamente:
- Arabia Saudita
- Qatar
- Turquía
Entre ellos, Arabia Saudita ha sido clave en la difusión del wahabismo, doctrina ultraconservadora que ha servido como caldo de cultivo ideológico para el salafismo yihadista en Europa. Este proceso no equivale a apoyar atentados, pero sí ha generado un ecosistema doctrinal que algunos grupos radicales han reutilizado.
España y la M-30: adoctrinamiento importado
En España, la Mezquita de la M-30 es un ejemplo de cómo la doctrina saudí llegó a suelo europeo: varios de sus imanes fueron formados en universidades religiosas de Arabia Saudita, difundiendo una visión rigorista del islam sunita. Aunque no hay evidencia de financiación de atentados, sí existe constancia de infraestructuras y formación clerical importada.
Los tentáculos de Arabia Saudita también han llegado a Catalunya. Según un análisis del Grupo de Estudios Estratégicos, en el municipio catalán de Salt, una ciudad cercana a Girona, se proyectaron las obras de construcción de una megamezquita salafista de dos plantas -construida por dos grupos salafistas con sede en España, la Asociación Cultural Islámica Al Hilal y la Asociación Magrebins per la Pau, con financiación de Arabia Saudí- con capacidad para 750 fieles, aunque el proyecto finalmente se vio interrumpido.
Debate en España: participación o abstención
En Europa, el conflicto ha dividido opiniones:
- Derecha española y sectores conservadores: defienden que esta guerra es una acción legítima contra el terrorismo global y sugieren que la UE y sus países miembros deberían respaldar o incluso participar en las operaciones.
- Izquierda: bajo la dirección de Pedro Sánchez, ha decidido no involucrarse militarmente, limitándose a condenar la escalada y a impulsar vías diplomáticas para evitar que el conflicto se extienda.
En este contexto, es preciso recordar cuál es el terrorismo que ha afectado a Europa y desmentir la narrativa de “guerra contra el terrorismo global” que se aplica a Irán, un país chií que no ha sido responsable de los atentados europeos en la historia reciente.
Los atentados en Europa han sido perpetrados por sunitas radicales, no por chiíes ni por grupos iraníes. Presentar el conflicto con Irán como “guerra contra el terrorismo global” simplifica demasiado una realidad incómoda: Europa debe evaluar con precisión a quién combate realmente y por qué, y entender que los chiíes de Irán y los sunitas son enemigos distintos con agendas diferentes. También será necesario evaluar si, destruyendo a unos, acabaremos favoreciendo a quienes sí han financiado el terrorismo dentro de nuestras fronteras.
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