En vida de Cervantes tuvo más éxito su “Persiles y Segismunda” que el “Quijote” (“Cervantes íntimo”)
José Manuel Lucía recuerda que la primer biografía de Cervantes tardó 120 años y que no se conservan imágenes suyas, por lo que ”el «verdadero» Cervantes que vivió hace 400 años se nos escapa como la arena de la playa entre los dedos de las manos”.
Todavía recuerdo el impacto que me produjo la primera vez que oí a alguien decir que Miguel de Cervantes había sido homosexual. Ocurrió en el transcurso de la entrevista que le hice a Fernando Arrabal con ocasión de alguna de sus visitas a Barcelona hace quizá más de veinte años. Quien me iba a decir que con el tiempo este presunto rasgo de la personalidad del autor del Quijote iba a constituir el eje dramático de una película dedicada al periodo de su vida que pasó cautivo en Argel como ha sido el caso de la dirigida por Amenábar.
El estreno de “El cautivo” ha coincidido con la aparición de “Cervantes íntimo. Amor y sexo en los Siglos de oro” (Plaza y Janés) del catedrático de la Universidad Complutense José Manuel Lucía Mejías, un libro en el que lo referido a dicha sexualidad adquiere en realidad un carácter secundario frente a otros aspectos que resultan acaso tan o más interesantes aún sobre la personalidad de dicho autor.
Advierte el autor que “la biografía de Cervantes es un construcción a lo largo de los siglos donde se ha entrelazado de una manera inevitable la escasez de datos documentales con la necesidad de convertirlo en modelo de conducta según los patrones imperantes en cada momento histórico”. Con los detalles añadidos de que su primera biografía tardó en aparecer 120 años después de su muerte y de que no se conservan imágenes suyas.
Lucía Mejías subraya un hecho quizá poco conocido de los profanos y es el de que en vida Cervantes su “best seller” no fue el “Quijote”, sino “Los trabajos de Persiles y Segismunda” y que, una vez fallecido, la fortuna le ha convertido en un autor menguante del que solo se recuerdan la aventuras del ingenioso hidalgo y se olvida el resto de su obra literaria, que fue prolífica y variada en géneros. “El Quijote -afirma- no fue en absoluto la obra que tuvo más éxito durante su vida; serán los siglos venideros lo que lo han colocado en el lugar central de las letras occidentales”.
Desmiente tres falsedades que han circulado sobre dicho autor: que tuvo como oficio ser escritor, que fue un escritor incomprendido y fracasado en su tiempo y que no tuvo suerte con las mujeres de su familia, en particular con sus hermanas. Con un dato curioso: que su segundo apellido no fue Cervantes, sino Cortina -el de su madre- siendo el que conocemos en realidad un apócope del mote con que se le conoció durante su cautiverio y que en árabe significaba “manco”.
Y, en fin, por lo que se refiere al tema de su presunta homosexualidad, el autor, que reconoce la suya, no se pronuncia sobre la de Cervantes por falta de documentos aunque recuerda no solo la tesis de Arrabal, sino también la de Louis Combet para el que pudo haber sido no solo gay sino también masoquista y trae a colación que en Argel la sodomía no sólo no se rechazaba, sino que se consideraba una condición honrosa. En todo caso, en la ciudad norteafricana cada cual “era lo que valía su rescate”.
“Ni Cervantes va a ser tan héroe como él se pintó, ni tampoco Blanco de Paz (el funcionario de la Inquisición enemigo suyo) será el villano odiado y repudiado en los baños (de Argel) como le hubiera gustado al propio Cervantes” lo que le lleva a la conclusión de que el Cervantes hombre, el «verdadero» Cervantes que vivió hace 400 años se nos escapa como la arena de la playa entre los dedos de las manos”.
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