Diaz Marro propone “21 claves para entender China en el siglo XXI”
Un consultor español afincado desde hace casi dos décadas en China explica su visión sobre la situación de la nueva superpotencia del siglo XXI que es “el país menos comunista del planeta” y cuyos dirigentes siguen modelos parecidos al fascismo, el franquismo o el peronismo
“La cultura china es una compleja fusión de tradición y modernidad, superstición y pragmatismo, moldeada por siglos de historia y marcada por un profundo sentido de la resiliencia” dice Adrián Díaz Marro, consultor español afincando desde hace casi dos décadas en China Popular, quien trata de explicar en “21 claves para entender China en el siglo XXI” (B) cómo es la nueva y emergente gran superpotencia del planeta al margen de tópicos, estereotipos o espejos deformantes basados de una realidad que desconocemos en buena medida y que por tanto no somos capaces de interpretar adecuadamente. Para evitarlo “la actitud que he adoptado es la de observar, aprender y tratar de comprender una cultura que en muchos aspectos nos lleva milenios de ventaja”, una cultura influida por el taoísmo, el budismo y el confucianismo y que se ha consolidado a los largo de los siglos porque en China no se mide en años, sino en dinastías, que son periodos mucho más largos.
Desde Occidente vemos a China desde la óptica de numerosos prejuicios que no responden en absoluto a la realidad. Por de pronto, el gigante comunista no es tal porque si bien la columna vertebral de su sistema político es el PC Chino, bien se puede decir que hace años que se olvidó de su componente revolucionario para convertirse en “un poder altamente eficiente que ha sabido adaptarse a lo largo de un siglo dejando atrás la ideología comunista como base de su legitimidad y sustituyéndola por su capacidad de prever crecimiento, estabilidad y control social” al punto de que China hoy es de todos los países “el menos comunista del planeta” de modo que sus dirigentes siguen modelos parecidos al fascismo, el franquismo o el peronismo.
Díaz Marro describe una sociedad basada en un feroz individualismo, con agudo sentido de la competitividad y en la que la ambición personal constituye “uno de los motores más potentes del increíble progreso económico de un país”, su única religión es el dinero y, por consiguiente, “en China eres lo que vales”. Todo ello ha llevado al imperio de la meritocracia personal y del pragmatismo, lo que no excluye rezagos como la supervivencia de una muy palpable superstición que “no son meras creencias ancestrales, sino que tiene un impacto tangible en las decisiones cotidianas”. El resultado ha sido el surgimiento de uno de los países con menor presión fiscal y de una profunda desigualdad porque China, carece de Estado del bienestar. Buen ejemplo de ello es la asistencia hospitalaria que puede ser pública, pero de pago.
En este contexto adquieren importancia peculiaridades propias de la personalidad china como el respeto a la familia o la supervivencia del “guanxi”, un sistema de lazos y relaciones sociales que tiene su utilidad en el mundo de los negocios y de la política, pese a su peligro de bordear la corrupción o la ilegalidad.
Lo cierto es que “China ha superado ya a Estados Unidos como la primera economía del mundo en términos del PIB ajustado por paridad de poder adquisitivo”. Subyacen, eso sí, algunos peligros, tales las independencias interiores, que el autor considera un sueño de Occidente, la posibilidad de la aparición de desempleo como consecuencia de la automatización, el papel de las nuevas generaciones e incluso una posible, aunque poco probable, implosión del sistema. Sea como fuere, “China -confiesa Díaz Marro- me ha hecho cambiar de opinión tantas veces que no pued asegurar que no lo haga de nuevo”.
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