“Ser judío tras la destrucción de Gaza”: denuncia de la masacre del pueblo gazatí y la humillación palestina

El periodista y profesor sefardita Peter Beinart analiza la dramática situación de Gaza tras la destrucción perpetrada por Israel y propone soluciones

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Libros.Ser judío tras la destrucción de Gaza

 

“Este libro va del cuento que los judíos nos contamos a nosotros mismos a fin de ignorar los gritos. Del cuento que permite a nuestros líderes, familias y amigos ver la destrucción de la franja de Gaza… y encogerse de hombros, cuando no aplaudir… Tengo la esperanza de que algún día veamos la destrucción de Gaza como un punto de inflexión en la historia judía”. Así inicia el periodista y profesor de ascendencia sefardita Peter Beinart “Ser judío tras la destrucción de Gaza” (Capitán Swing), un valiente alegato contra la cruel masacre cometida por su propio pueblo contra los gazatíes pero, a la vez, un reconfortante testimonio de que entre la comunidad judía hay personas como dicho autor capaces de analizar con objetiva severidad la situación y, a la vez, proponer soluciones.

Beinart considera que, tras la creación de Israel, los judíos han cambiado su discurso y han pasado de víctimas a perseguidos y amenazados. La dura verdad es que ”las fuerzas sionistas tuvieron que expulsar a gran número de palestinos a fin de crear un Estado de mayoría judía” de modo que durante su guerra de independencia forzaron el desalojo de más de 400 asentamientos palestinos. Más aún: organizaron acciones sangrientas, como la masacre palestina de abril de 1948 “en la que las milicias sionistas mataron a más de cien hombres, mujeres y niños en la aldea de Deir Yassin”. “El problema de nuestra historia colectiva no es que reconozca los crímenes que sufrimos; el problema es que ignora los crímenes que cometemos”.

Considera que “la violencia palestina es distinta en aspectos cruciales de las que se perpetró contra los judíos en el pasado” porque está originada por la segregación de su comunidad de las tierras que siempre ocuparon, el desplazamiento forzoso y la imposibilidad de ajustarse a ninguna norma con suficiente valor como para garantizar su supervivencia sin violencia.  “El terror que soportaron está inextricablemente ligado a la presión que soportaban” mientras que “en Israel (los judíos) disfrutan de la supremacía legal y son los palestinos los que carecen de libertades básicas”.

Esta situación tiene su lógica consecuencia en que la “opresión israelí vuelve mucho más probable la violencia palestina” y “el apoyo palestino a la violencia se acrecienta cada vez que las esperanzas palestinas de libertad disminuyen”. Beinart denuncia que incluso cuando los palestinos se comportan y hacen las cosas como los israelíes les exigen, la actitud de las instituciones judías no cambia.  “La violencia que un Estad judío comete contra los palestinos genera más violencia contra los judíos”.

Por lo que respecta concretamente a Gaza, pone de relieve que en la franja Israel no lucha contra ciudadanos de otro país, sino contra personas privadas de ciudadanía debido a que los israelíes les obligaron a abandonar sus tierras y les ha confinado en un verdadero gueto. Afirma que “Israel no tiene un problema con Hamás, sino con Palestina” y afirma que no podrá derrotar a Hamás porque esta entidad seguirá contando con apoyo social. Lo más sorprendente es que para el gobierno de Netanyahu “Israel es justo por definición y su guerra en Gaza sigue siendo moral por más que se documenten sus crímenes y todo el mundo los vea”.

¿Cabe todavía una solución? Beinart cree que sí, que “hay propuestas para abordar este desafío: confederación de un Estado palestino y otro judío, federación de un Estado binacional, un sistema democrático -como el de la binacional Bélgica- que garantice voz y voto en las decisiones importantes a ambas comunidades… (y) reparar las injusticias del pasado… Los errores históricos nunca pueden enmendarse por completo. Pero cuanto más sincero sea el empeño, mayo será la reconciliación que traiga”.


 

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