“Sangre negra del Sáhara”, una novela policíaca ambientada en El Aaiún colonial
Jiménez Delgado encadena algunos hechos históricos reales con un relato de ficción ambientado en el desierto que fue español
La popularidad de la narrativa policíaca o el thriller ha dado lugar a verdadera catarata de novelas encasillables en dicho género, algunas de las cuales se han contextualizado en ambientes y paisajes o en torno a personajes claramente identificables como españoles. La nota original de este texto es que el autor ha querido situar la acción de su trama en el inicio de los años sesenta y en El Aaiún, una pequeña ciudad que acababa de estrenarse como capital de la nueva provincia de Sáhara. En “Sangre negra del Sáhara” (Almuzara) Jiménez Delgado imagina que en tan recoleto ambiente se produzcan nada menos que tres asesinatos sucesivos, relacionados entre sí -de un legionario, una prostituta elegante y un guardaespaldas y que corresponda investigarlos al comisario de policía destinado en dicha localidad. Y para darle mayor verosimilitud histórica a la trama engarza dicho supuesto con unas oscuras tramas que los vinculan con el secuestro del paquebote portugués Santa María por el capitán Galvao, como reto a la dictadura salazarista, con el secuestro promovido por Marruecos de los trabajadores de una plataforma de exploración petrolífera o con la reacción de los “pied noirs” franco argelinos obligados a buscarse una nueva vida como consecuencia de la guerra de Argelia y capaces de pretender un golpe de Estado en Francia.
Nada cabría objetar a lo que no es sino una novela policíaca, salvo que desde el punto de vista histórico no se comprende muy bien la razón por la que el autor escogió como lugar en donde había de desarrollarse la trama una ciudad como Aaiún en lugar de haber escogido Albacete o Zamora que hubieran resultado mucho más verosímiles. Porque lo cierto es que salvo por esporádicas alusiones al gobernador Alonso o un tal sargento Rabani, al aduar de Hagunía o al cabaré Oasis, El Aaiún que aparece descrito no tiene nada que ver con el original. Por de pronto, la tarea del imaginado protagonista de la novela, el comisario Fernando Ramírez de Viedma, cuyo trato con el gobernador resulta absolutamente inimaginable, del mismo modo que en dicho territorio nunca hubo destinadas fuerzas de la Guardia Civil, ni oficiales de milicias universitarias, cuyo destino en las provincias africanas quedó interdicto desde la muerte del alférez Rojas Navarrete en la guerra de Ifni. No existían entonces hoteles -salvo años más tarde el parador nacional-, ni apartamentos de lujo, ni siquiera red telefónica -hasta medio año antes del abandono-, ni vuelos desde El Aaiún al extranjero, ¡ni tampoco hipódromo! (y ni siquiera caballos)
Con cuanto ha quedado apuntado bastará para concluir que “Sangre negra del Sáhara” puede ser considerada una novela policíaca entretenida siempre que se tenga muy presente que el contexto en que se desarrolla la acción dramática es tan imaginario como la misma trama.
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