”Sáhara Occidental 1975. El final del colonialismo franquista”, un análisis severo de la última peripecia colonial española
El profesor Isaías Barreñada estudia el último año de la presencia de España en África Occidental y cómo en pocos meses se frustró un proceso de descolonización que pudo haber sido modélico
La historia con frecuencia giros inesperados que cambian la perspectiva de una situación en horas, días, meses o quizá un año. Esto último es lo que ocurrió con el Sáhara Occidental en 1975, un año emblemático en el que varió copernicanamente el itinerario que se había previsto para su futuro y pasó de ser un territorio no autónomo en vías de su autodeterminación a convertirse inicialmente en la colonia de dos de sus vecinos y medio siglo después en un problema de neocolonialismo punto menos que insoluble. Isaías Barreñada analiza pormenorizadamente en Sáhara Occidental 1975. El final del colonialismo franquista (Los Libros de la Catarata) qué es lo que ocurrió en aquellos doce meses y cómo fue posible que todo cambiara de forma si no absolutamente impredecible, sí al menos bastante impensable.
El autor mantiene una visión sumamente crítica y dice que durante el franquismo “se dieron las características básicas del colonialismo”, entre cuyos cuyos efectos cita el dominio militar y político, la dualidad jurídica, la explotación de recursos, la cooptación de estructuras políticas autóctonas y la represión, añadiendo la discriminación y el racismo, así como la implantación de colonos, pese a que curiosamente más adelante y contradiciéndose a sí mismo reconoce luego que “no fue una colonia de asentamiento”.
Analiza exhaustivamente algunos de los hechos ocurridos en ese período. En primer lugar, la visita en mayo de la Comisión enviada por el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, de la que resalta la estupefacción que produjo en las autoridades locales la emergencia absoluta del Frente Polisario, sobre todo en la región norte, y la incapacidad de la mayoría de ellas para interpretar adecuadamente aquel hecho y extraer conclusiones adecuadas. Y, en segundo lugar, el desencadenamiento de la catástrofe final cuando, a pesar del dictamen del Tribunal Internacional de Justicia y del informe emitido por la Comisión visitadora, ambos favorables al proceso de autodeterminación, funciona la audaz maniobra orquestada por Hassan II de organizar una invasión “civil” del territorio que cambió todos los esquemas. En este punto y mediante la utilización de documentos desclasificados, recalca la responsabilidad de Estados Unidos país que, como Kissinger el frente de la Secretaría de Estado, fue cómplice de dicha maniobra, así como también lo fueron ciertos sectores militares españoles, favorables a la tesis favorable a Marruecos para evitar una hipotética vinculación futura del Sáhara al área de influencia soviética. Y, más aún, critica la complicidad de Don Juan Carlos, que habría negociado con Kissinger, al margen del gobierno de Arias Navarro y a través de Pardo y Colón de Carvajal, la aceptación de dicha entrega a cambio de la consolidación de la monarquía a la muerte de un Franco gravemente enfermo. “El secretario de Estado norteamericano aceptó la mediación solicitada, intercedió ante Hassán II y en las siguientes horas se alcanzó un acuerdo por el que España entregaba el Sáhara a Marruecos a cambio de que Estados Unidos se convirtiera en su aliado en la siguiente fase compleja”.
Particular interés tiene su visión de la actitud mantenida en aquellos momentos tanto por los partidos políticos españoles, como por el Frente Polisario. De los primeros, subraya que el PCE fue promarroquí hasta 1975 y en relación con el movimiento saharaui de liberación nacional recuerda su alianza estratégica, a veces puramente nominal, con algunos movimientos de extrema izquierda (FRAP, LCR, partido del Trabajo, PCE/i) algo que no benefició en absoluto su imagen.
Pese a que tangencialmente Barreñada no ahorra la cita de aspectos positivos habidos durante la etapa colonial (“la dominación no fue de violencia y hegemonía absolutas”, “se desarrolló una convivencia indiscutible” entre la sociedad autóctona y española, o el papel relevante de la Sección Femenina de FET y de las JONS en la concienciación política de la mujer saharaui) su conclusión del colonialismo español en el Sáhara es severamente crítica (apropiación progresiva del territorio, delimitación extranjera de fronteras, uso de nativos en el ejército como carne de cañón, compra de lealtades cooptación de líderes tribales corruptos, aculturación, pacificación violenta, represión de protestas, masacres de civiles (¿cuáles?), colonialismo penal, gobierno militar, extractivismo, racismo, discriminación, uso de militares para represión de civiles, censura y un engaño final) Una opinión que, salvo en lo que concierne al último punto, no suele ser compartida por los propios saharauis, mucho más benevolentes en su valoración de la presencia española que algunos investigadores metropolitanos.
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