El príncipe Juan Carlos favoreció la anexión del Sáhara por Marruecos a cambio del apoyo de EEUU a su acceso a la corona
Carlos Ruiz Miguel critica también en “El Frente Polisario. Desde sus orígenes hasta la actualidad” critica la tibieza del apoyo argelino a los saharauis, así como el entregacionismo de Zapatero a Rabat y recuerda que el único presidente español que paró los pies a Marruecos fue Aznar.
En un mes como el actual, en el que se cumple el 50 aniversario del repentino abandono del Sáhara español y la subsiguiente entrega de dicho territorio a la administración de Marruecos y Mauritania, resulta de particular interés conocer qué es el Frente Polisario (Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro), el movimiento de liberación nacional por antonomasia que ha sido reconocido como representante del pueblo saharaui en las instancias internacionales, tanto por la Organización de Naciones Unidas, como por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Así lo establece Carlos Ruiz Miguel, autor de “El Frente Polisario. Desde sus orígenes hasta la actualidad” (Almuzara) un libro que constituye una aportación valiosa, bien documentada y objetiva sobre el mayor contencioso del Magreb.
Consciente de que su historia durante el período colonial español fue muy breve -poco más de dos años- y de hecho muy escasa en víctimas, Ruiz Miguel desarrolla con mayor riqueza de datos lo ocurrido a partir del momento en que, con el precipitado abandono español, el Frente tuvo de asumir en su plenitud la responsabilidad de guiar al pueblo saharaui y de dotarle de una estructura política homologable internacionalmente: la República Árabe Saharaui Democrática.
El autor no duda en recordar responsabilidades. Constata su convicción de la responsabilidad de Kissinger en el apoyo que prestó a la “marcha verde” orquestada por Marruecos e imputa al entonces príncipe de España, jefe de Estado en funciones por la enfermedad terminal de Franco, que “asumiera los planes de Kissinger que básicamente consistían en favorecer la anexión del Sáhara por Marruecos en agradecimiento a la cooperación secreta, pero muy intensa, de Marruecos con Israel contra otros países árabes” con el resultado que el 12 de noviembre de 1975 y “con Franco aun agonizando, Juan Carlos de Borbón dio luz verde a las conversaciones tripartitas de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania”.
No exime de errores el Frente Polisario. Considera que el acuerdo firmado con Mauritania el 10 de agosto de 1979 “fue paradójicamente el mayor éxito y el mayor error diplomático en la historia del Polisario… porque se pactó la retirada de Mauritania de la parte sur del Sáhara Occidental … sin establecer un garantía por el estado mediador (Argelia) para que la parte evacuada por Mauritania no pudiera ser ocupada por la otra potencia invasora” como así ocurrió. No fue su único error. Cuando pudo hacerlo, quiso hacer valer su dominio de las aguas jurisdiccionales atacando a pesqueros españoles causando 16 muertos entre 1977 y 1986. Tampoco supo resolver dos años después las revueltas producidas en los propios campamentos que pudieron “estar causadas por el trato displicente y severo de Bachir (a la sazón secretario general adjunto del Frente) a otros miembros de la dirección” lo que provocó la deserción de Hadrami, Hakim y otros.
Pero posiblemente la más crítica más acerada del autor sea la que dirige a Argelia por su apoyo cierto, pero tibio, al pueblo saharaui. Culpa a Charli Benjejedid de su complicidad en la creación de la Unión del Magreb Árabe y, sobre todo, acusa a su sucesor: “Argelia, regida por Buteflika, dejó claro que su apoyo a la causa del Sáhara Occidental era más aparente que real” puesto que ”disminuyó sustancialmente el apoyo político y militar al Frente Polisario” al punto de bloquear sus intentos de reanudar la guerra. Para hacerlo, hubo que esperar a su muerte.
Con la firma del alto el fuego con Marruecos, la construcción del muro y la manifiesta tibieza del apoyo argelino, el Frente quedó en buena medida con las manos atadas en las utilización de sus dos mejores herramientas: el referéndum, torpedeado por Marruecos y la acción armada, contenida por Argelia. “Sin guerra y sin referéndum, la población saharaui quedó en un estado de perplejidad y frustración”. La reanudación posterior de la actividad bélica puede haber contribuido “al reforzamiento de la cohesión interna de la población refugiada gobernada por el Frente Polisario… (y) ha obligado a hacer lo que no había hecho suficientemente antes de retomar las armas que era tener el adecuado nivel de preparación de sus efectivos militares”.
Por lo que respecta a España, le reconoce a José María Aznar su negativa a apoyar la añagaza de Chirac de apoyar en la ONU la anexión del Sáhara a Marruecos con la excusa de la salida autonómica, mientras que paralelamente hace una crítica demoledora de Zapatero, recibido en Marruecos antes de llegar a la Moncloa con honores presidenciales como represalia por la postura de Aznar, y que, ya en la presidencia del gobierno tras el descalabro de los populares a consecuencia del 11 de marzo, su primera medida no fue retirar las tropas de Irak, sino cancelar el apoyo de España al plan Baker, para luego apoyar los acuerdos pesqueros con la Unión Europea que incluían la explotación de los recursos del Sáhara Occidental y que fueron seriamente cercenados por el Tribunal Europeo de Justicia.
Por la fecha de su publicación, el texto de Ruiz Miguel no alcanza la continuidad que el colaboracionismo promarroquí de Zapatero alcanzó con Pedro Sánchez cuando, al margen del Congreso de los Diputados, manifestó su apoyo al inverosímil plan de autonomía, impuesto luego por Trump al Consejo de Seguridad.
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