Alejandro Gándara publica “Los textos robados a la felicidad”
Con esta obra obtuvo el IV premio Eugenio Trías de ensayo
“La regla básica de la filosofía procede de Freud y nos dice que la clave de la felicidad está en ser consciente de la imposibilidad de conseguir todo lo que querríamos y eso es algo que aprendemos con el paso del tiempo. Pero también hemos de asumir que hay cosas que no tienen explicación, pero que habremos de vivir con ellas. Y por último, que los deseos son confusiones que tenemos sobre la realidad”. Nos lo dice Alejandro Gándara, profesor de Historia de las Ideas y fundador de la Escuela de las Letras y de la Contemporánea de Humanidades, que obtuvo el IV premio de ensayo Eugenio Trías con su obra “Los textos robados a la felicidad. 22 historias para vivir sin miedo” (Galaxia Gutemberg)
Gándara ha trabajado con “los clásicos de la literatura como Dios manda”, así como con las fuentes culturales y morales de nuestra civilización “que han sido interpretadas de diversos modos y por consiguiente manipuladas y maltratadas, por lo que procede hacer una oportuna limpieza de las mismas”. Añade que la fuente de todo ello está en el platonismo filosófico, así como en la ruptura que supusieron el Antiguo y el Nuevo Testamento, con la Torá y los Evangelios, que impusieron un rápido cambio de mentalidad. “La diferencia es que la literatura antigua nos habla de la vida tal como es y el cristianismo, de la vida tal como debe ser, lo que nos produce una cierta sensación de dejarnos desarmados”. Y continúa: “Nuestra cultura se basa en la idealización de ciertos sentimientos, como el amor, la sociedad, la vida en común, la naturaleza humana… pero hemos perdido mucho tiempo y nos llevamos sorpresas porque las últimas generaciones, que han sido capaces de generar dos guerras mundiales, deben replantearse sus fundamentos. Y es que los ideales son enfermedades del alma que destruyen todo lo que les rodea. En este orden de cosas es fácil consignar que tanto Putin, como Trump, representan el ansia de destrucción”.
La persona humana busca la felicidad pero advierte que “la confunde con alegría, estatus o éxito, cuando es algo mucho más modesto: pensar en lo que nos pasa y darle sentido; es la aceptación más la producción de sentido”.
Ha escrito “Los textos robados a la felicidad” de un tirón, pero que ha sido fruto de sus largos años dedicados a la enseñanza. “No he necesitado pensar mucho en lo que quería escribir, solo recordarlo y ponerlo sobre el papel”. “Este libro es un intento de mostrar una filosofía de forma más accesible y participativa. No es académico, ni erudito, ni entra en la cultura memoralística del pasado y por eso creo que los han premiado, «por su capacidad de sugerir otras firmas de acercamiento a la filosofía»”.
“Estamos regresando -dice- a los fundamentos clásicos, tanto en el ensayo, como y en sus fuentes, con una nueva mirada sobre los orígenes reales de toda esa filosofía y un renacimiento de lo griego”. Subraya el interés que existe por una filosofía muy activa y asociada a la creación, lo que contribuye en un cierto demérito de la filosofía tradicional. Y sentencia finalmente que “la filosofía en su forma actual procede de la poesía, pero en ciertos casos es una mezcla de lingüística y pajas mentales”
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