“El regreso de los exiliados”, una novela sobre la Viena ocupada por los aliados tras la segunda guerra mundial
Elisabeth de Waal imagina el retorno a su país de origen de ciertos estadounidenses de origen austríaco que tuvieron que huir a consecuencia de la anexión nazi
Confieso que una de las grandes incógnitas que no he sido capaz de descifrar nunca es la razón por la que los aliados decidieron al final de la segunda guerra mundial considerar que Austria fue la primera víctima del expansionismo nazi y le aplicaron un régimen mucho menos severo que a la propia Alemania cuando la realidad fue que dicho país recibió con los brazos abiertos y un entusiasmo muy superior al que hubo en buena parte de la misma Alemania la llegada de Hitler tras el Anschluss. Eso sí, finalizada la contienda hubo de soportar durante diez años un período de ocupación que, sin embargo, concluyó en 1955 con la firma de un Tratado de Estado que le permitió recuperar su plena independencia.
Sabemos poco de lo que ocurrió durante aquella década en que el país, y Viena, su capital, estuvieron divididos en cuatro zonas pero la escritora austríaca Elisabeth de Waal nos dejó un testimonio literario de aquella época en su novela “El regreso de los exiliados” (Libros del Asteroide) Fue concebida como una obra triangular, en la que tres protagonistas coetáneos coinciden en Viena en las postrimerías de la ocupación y cuyas vidas, por azares del destino o, mejor dicho, por la voluntad de fabulación de la autora, acaban convergiendo. Los tres son ciudadanos estadounidenses, pero con fuertes lazos personales o familiares con Austria: el profesor Adler -judío emigrado para huir de la persecución antisemita-, el próspero negociante de origen griego Kanakis y la joven Marie-Theres “Resi”, nieta del príncipe Altmannsdorf, cuyos padres emigraron desconfiados por la situación europea de entreguerras. Todos ellos se encuentran causalmente en la misma ciudad y tiempo y cruzan accidentalmente sus vidas, que entrelazan con las de diversos personajes locales, tales el príncipe Lorenzo Grein Lauterbach, heredero de una familia principal pero arruinada y convertido en atractivo gigoló, o Lucas Anreither, exponente de la nueva Austria, hijo y nieto de campesinos al servicio de la nobleza tradicional y que cree que una nueva Austria despojada de sus rémoras históricas.
En “El regreso de los exiliados” y como escenario de la peripecia de todos estos personajes late una descripción de la Viena de mediados de los cincuenta, con sectores fuertemente apegados a su caducos privilegios de linaje que tienen que alternar con individuos cuya conducta durante el nazismo resultó no ya sospechosa, sino claramente cómplice -como el doctor Krieger, que consigue ocupar el puesto al que hubiera tenido derecho el profesor Adler si no hubiera tenido que huir por su condición de judío-, o la del príncipe Lorenzo, un buscavidas inmoral, capaz de entregarse por interés a los sentimientos homoeróticos del comerciante Kanakis, ansioso a su vez de “lavar” su equívoca condición con una boda de conveniencia. Seres inmorales, capaces de vender su alma al diablo pero, eso sí, guardando siempre unas formas exquisitas y una extrema cortesía. Solo se salvan de esta galería de aventureros, logreros y personajes deleznables el honesto profesor Adler, la ingenua Resi y Gresi, la hermana de Lorenzo, bien diferente al bello príncipe.
Una época compleja y terminal, en la que una nobleza decadente trata de sobrevivir congraciándose y emparejándose con los nuevos ricos o con los representantes de las potencias ocupantes en un país que está a punto de recuperar su independencia con un acto simbólico: una función de gala en el reconstruido teatro de la Ópera.
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