“Sarajevo blues”, “mensaje en una botella” para que el mundo recuerde el genocidio bosnio

Textos periodísticos y poéticos del escritor Semezdin Mehmedinovic que aparecieron inicialmente en un periódico y se recopilaron en un libro que es el máximo referente literario del sacrificio padecido durante cuatro años por la capital bosnioherzegovina

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Libros.Sarajevo blues

 

Resulta sorprendente la capacidad humana por olvidar con suma facilidad tragedias que nos conmovieron ayer mismo. Tales las guerras civiles habidas en la antigua Yugoslavia con ocasión del desmoronamiento de la república comunista y el subsiguiente fraccionamiento del estado federal en una miríada de estados independientes. Un cataclismo con fuertes connotaciones étnicas que enfrentó en una lucha a muerte a conciudadanos que habían vivido pacíficamente durante décadas. En este abanico de locuras, la peor de todas fue sin duda la habida en el seno de Bosnia Herzegovina entre serbios y bosnios propiamente dichos, que en la época yugoslava habían sido adjetivados de musulmanes. La máxima expresión de esta guerra civil tuvo como escenario la ciudad de Sarajevo entre abril de 1992 y febrero de 1996 de la que quedó la imagen del incendio de su biblioteca.

En el contexto de este largo asedio y en circunstancia de vida muy precarias, cuando desplazarse de un lado a otro de la ciudad constituía un riesgo mortal, la población trató de expresar su esperanza través de una intensa vida cultural que se manifestó incluso en el quehacer periodístico y literario. Su más destacado representante fue Semezdin Mehmedinovic, quien inició el mismo mes de abril de 1992 la publicación de una columna en el periódico Dani, cuyos textos, debidamente recopilados y con la adición de otros poéticos se editó posteriormente y llega ahora en edición española con el sello de Deleste. “Mi objetivo -dejó escrito el autor- era dar testimonio al mundo fuera de Sarajevo de lo que ocurría en la ciudad, hacerlo visible, mandar un mensaje en una botella, porque entonces establecer un contacto entre la ciudad sitiada y el resto del mundo era algo crucial”. 

El resultado es este libro singular en el que los textos y los poemas, todos ellos breves, van acompañados de fotos muy expresivas del relato literario. Mehmedinovic describe el odio que surgió repentinamente entre quienes habían sido vecinos y amigos. Recuerda que antes del inicio del conflicto el psiquíatra Radovan Karadžić se caracterizó como antimilitarista y fundador del partido Verde y fue autor de un libro de cuentos infantiles. “Causaba la impresión de un hombre pacífico y de buen talante”, para transformarse seguidamente en un criminal que acabó condenado como tal por el Tribunal Penal Internacional y llegó a defender “la idea de que la vida en común de las diversas naciones de Bosnia resulta imposible”. Cuando, como apostilla el autor, habían vivido en armonía durante siglos.

Esta diabólica transformación pudo darse en cualquier individuo. “Sé que alguien con quien he pasado una tarde agradable antes de que termine la jornada puede llamar a mi puerta enmascarado en un calcetín”. Como ocurrió con el compañero de equipo de fútbol que faltó a un partido y al que reencontró horas después asaltando de esta guisa un trolebús. O el escritor serbio Miroslav Toholj que acariciaba al hijo de Semezdin mientras tomaba café en su casa, pero más tarde fue capaz de liquidar un pueblo entero. O el profesor de universidad que jugaba al fútbol utilizando como balón con la cabeza de un bosnio decapitado. Una crueldad compartida por unos y otros como demuestra el caso niño bosnio capaz de matar a un chetnik (miliciano serbio) mientras jugaba. “Es un héroe, dice el soldado señalando a un mocoso arrodillado sobre el parque”.

Semezdin critica el desinterés de los escritores por el incendio de la biblioteca de Sarajevo, así como por la indiferencia de Europa sobre el sufrimiento de la ciudad. “La actitud de Europa respecto a nuestro sufrimiento me recuerda a una soldado de raza negra, miembro de la misión de las Naciones Unidas, que, en el mercado de Sarajevo, indiferente a las miradas de la gente que tenía alrededor, se probaba unas mallas de color amarillo”.

De aquel dramático cuatrienio quedó una huella llamada TEPT: “En la guerra tienes un chute de adrenalina que resulta adictivo: estás todo el rato en la calle, activo y te sientes útil. En ese momento no te das cuenta de que todo lo que estás viviendo te genera un profundo trauma sicológico: el trastorno de estrés postraumático”. Una herencia que será difícil borrar.


 

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