Iannielllo propone un “Pinocchio” desde la perspectiva del padre
El teatro Akadèmia celebra el bicentenario del nacimiento de Carlo Collodi con una adaptación muy personal del cuento de Pinocho
Era toscano -había nacido antes de la unificación de Italia- y se llamaba Carlo Lorenzini, pero ha pasado a la historia como Carlo Collodi y, sobre todo, por haber sido el autor de “Los cuentos de Pinocho”, un relato que ha atravesado fronteras y se ha convertido en un clásico de la literatura infantil. El títere de madera, con una gigantesca nariz que crece cuando dice mentiras y que ansía convertirse en un niño de carne y hueso se ha convertido por obra y gracia de Enrico Ianniello en una historia diferente porque ha puesto el acento no tanto el la criatura cuanto en su padre o progenitor, Gepetto. Una apuesta del dramaturgo y actor que ha convertido en realidad con un “Pinocchio” protagonizado por Moreno Bernardí en el teatro Akadèmia.
A la vista del resultado bien puede decirse que Ianniello ha recreado enteramente el texto original. El adaptador, que también interviene como intérprete, considera este proyecto continuación de su ”Isidoro” anterior: “Después de haber explicado la historia de un hijo a Isidoro, ahora sentía que tenía que afrontar la del padre. Es un desplazamiento vital. El teatro, para mí, es esto: un espacio donde entender en qué momento de la vida te encuentras." Y así surgió un personaje harto diferente del convencional: "Pinocchio es un texto que todos creemos conocer, pero que casi nunca leemos desde el lugar donde hace más mal: el del padre. Siempre me ha interesado el viaje del hijo, pero con el tiempo he sentido la necesidad de mirar hacia la otra banda. Qué pasa con quién se queda? ¿Qué pasa con quién tiene que soltar?”. Y añade: “Esta versión nace de esta pregunta. No quiere ser una relectura moral ni una actualización forzada, sino un intento de escuchar el texto de Collodi desde una edad diferente. Cuando era más joven me identificaba con el niño que quiere huir, equivocarse y descubrir el mundo. Ahora me interesa el carpintero que crea por no estar solo y que, sin darse cuenta, tendrá que aprender que estimar no es poseer”.
La acción dramática se ha situado en un contexto cinematográfico, una sala de exhibición abandonada, lo que le da pie para que el sueño de Gepetto surja del recuerdo de diversas películas cuyo proyeccionista utiliza para educar al niño y enseñarle a vivir. De ahí que la idea escenográfica parta de un espacio abierto alfombrado por innumerables piezas de ropa con un fondo en el que una pantalla desgrana numerosas referencias cinematográficas.
En escena hay, pues, tan solo dos actores. Ianniello es Geppeto y de este modo el adaptador y director puede expresar en toda intensidad su propuesta de que el espectador pueda contemplar la historia desde la perspectiva del padre y de cómo éste asume el reto de dejar crecer a su criatura; mientras que Moreno Bernardí, que después de treinta años de dedicación al teatro es la primera vez que se deja dirigir, ofrece una interpretación muy matizada en la discurre con naturalidad desde el movimiento mecánico propio del títere de madera al niño de carne de hueso que aspira finalmente a ser, con lo que expresa su idea de que “cuando un niño empieza a caminar también comienza a alejarse de su padre”. Recuerda que los personajes del cuento son una expresión de la pobreza del tiempo en que vivió su autor. “La pobreza es fundamental para entender el cuento, como también su ansia de libertad”. Todo lo cual nos lleva a contemplar un Pinocchio/Pinocho que es “listo, ingenuo, pero también cruel”.
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