Vecinos en pie de guerra: la riera de Canet de Mar podría convertirse en una trampa mortal

Temen una tragedia como la de Valencia: denuncian que la riera de Lledoners arrastra coches, bloquea el paso y amenaza a cientos de vecinos cada día

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Riera dels Lledoners, en Canet de Mar   GOOGLE MAPS (1)
Riera dels Lledoners, en Canet de Mar - GOOGLE MAPS

 

Los vecinos del tramo bajo de la riera de Lledoners, en Canet de Mar (Maresme), han alzado la voz ante el grave peligro que supone una de las pocas rieras urbanas sin canalizar que quedan en Cataluña. El problema se arrastra desde hace años y se agrava cada vez que la lluvia convierte la calle en un torrente capaz de arrastrar vehículos y bloquear el paso.

Con el recuerdo aún reciente de la dana que arrasó Valencia hace un año, el temor a pérdidas humanas y materiales crece entre los vecinos. “Sabemos que aquí no se puede hacer plataforma única porque subiría el nivel del agua, lo que queremos es limitar el paso”, explica Joan Baron, uno de los afectados, a 324

El Ayuntamiento de Canet reconoce la gravedad del problema, aunque señala que el cubrimiento de la riera es inviable por la estrechez del vial y la proximidad de las casas. Según el alcalde, Pere Xirau, la única salida está en medidas alternativas. Entre ellas, la Diputación de Barcelona trabaja en un proyecto de depósito en la parte alta del pueblo, y la Agencia Catalana del Agua estudia el soterramiento parcial del tramo final de la riera, donde el ancho del vial lo permitiría, además de módulos de infiltración.

La riera de Lledoners atraviesa el núcleo urbano y se ha transformado en un estrecho pasillo por el que circulan más de 2.600 vehículos diarios y 2.100 peatones, incluidos escolares, turistas y ancianos. Las aceras apenas superan los 30 centímetros en algunos tramos, lo que obliga a los peatones a esquivar coches constantemente.

Anna Garcia, vecina de la zona, lo resume con crudeza: “Subes y bajas las aceras con las bolsas de la compra en cada mano, algunos coches son amables, pero otros te pitan porque no hay espacio para pasar”.

La preocupación es máxima. El propio alcalde advierte que, si llega un episodio extremo como el de Valencia, “ni pozos, ni cajones, ni calles peatonales, ni eliminar coches podrán evitar la catástrofe”.

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