El caos de Rodalies castiga al trabajador presencial: teletrabajar no es para todos
La parálisis total de Rodalies de Catalunya tras la tragedia ferroviaria en Gelida ha puesto en evidencia una realidad injusta: el teletrabajo es un privilegio que no llega a los sectores que sostienen la ciudad.
Mientras las oficinas se vacían por recomendación oficial, miles de empleados de cafeterías, hoteles, parkings etc. se ven obligados a desplazarse en un sistema de transporte inexistente.
El drama de Rodalies en los sectores sin opción a remoto
Para quienes trabajan tras un mostrador o en el mantenimiento de infraestructuras, la "recomendación" de trabajar desde casa ha sido papel mojado. En estos sectores, si el trabajador no llega, el servicio se detiene.
Esto ha forzado a miles de personas a lanzarse a una odisea logística, sabiendo que su empresa no permite la flexibilidad que sí tienen otros sectores más digitalizados.
Llegar es difícil, volver es imposible
Con las vías de Rodalies cerradas tras el mortal accidente de la línea R4 y los daños por temporal en la R1, el regreso a casa se ha convertido en el verdadero calvario del día.
Colas infinitas
Las paradas de autobuses interurbanos están desbordadas, con esperas de horas para poder subir a un vehículo.
Carreteras colapsadas: el tráfico en las entradas y salidas de Barcelona es crítico, triplicando el tiempo de los trayectos.
Cansancio acumulado: muchos de estos trabajadores, que ya realizan jornadas físicamente exigentes en hoteles o restaurantes, terminan el día atrapados esperando una alternativa que no llega.
Un vacío que paga el empleado
La suspensión de Rodalies por motivos de seguridad es una medida necesaria, pero deja desprotegido al eslabón más débil. Sin una normativa que obligue a las empresas a ser flexibles en casos de fuerza mayor, el trabajador presencial es quien asume el coste del colapso: en tiempo, en dinero y en agotamiento.
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